De la exclusión a la dignidad: la historia oculta del Hospital Hijas de Galicia en La Habana

La historia del Hospital Hijas de Galicia —hoy conocido como Materno Infantil de Diez de Octubre— no es precisamente bonita… pero sí necesaria. Es de esas que te hacen entender cómo muchas mujeres quedaron completamente desprotegidas en una Cuba donde no todos tenían acceso a la salud.

Todo comenzó en un contexto duro. A finales del siglo XIX y principios del XX, miles de mujeres gallegas llegaron a la Isla buscando una oportunidad. Pero la realidad fue otra. Muchas terminaron en condiciones precarias, sin educación, sin apoyo y con muy pocas opciones para sobrevivir.

En ese escenario, el servicio doméstico o la prostitución se convirtieron en salida obligada para muchas. Y lo peor no era solo eso, sino que estas mujeres ni siquiera podían acudir a hospitales tradicionales, donde eran rechazadas o simplemente ignoradas. Enfermedades como la sífilis hacían estragos sin que nadie respondiera.

Frente a ese abandono, un grupo decidió no quedarse de brazos cruzados. En 1912 fundaron la sociedad Solidaridad Pontevedresa, que años después pasaría a llamarse Hijas de Galicia. Más que una organización, era un salvavidas. Un espacio donde las mujeres podían encontrar apoyo, atención médica y un poco de dignidad.

Pero no fue fácil. Desde el principio enfrentaron rechazo. Incluso instituciones poderosas de la época intentaron invisibilizarlas, como si ayudar a esas mujeres fuera algo incómodo. La hipocresía social pesaba más que la necesidad humana.

Aun así, siguieron adelante. Para 1919 ya estaban plenamente activas, brindando ayuda económica, emocional y médica. Con el tiempo, el hospital creció y se convirtió en una institución sólida. Miles de mujeres y niños pasaron por sus salas, encontrando atención donde antes solo había puertas cerradas.

Los números hablan claro. Para mediados del siglo XX, el hospital contaba con múltiples salas, quirófanos y un equipo médico amplio. Atendía a cientos de pacientes diariamente, demostrando que lo que nació desde abajo podía convertirse en algo grande.

Pero más allá de cifras, lo importante es lo que representó. Hijas de Galicia fue un acto de resistencia en una sociedad que marginaba, un ejemplo de cómo las propias afectadas construyeron soluciones cuando el sistema les dio la espalda.

Hoy, cuando se habla de salud en Cuba, poco se menciona este origen incómodo. Porque reconocerlo implicaría aceptar que hubo un tiempo —y decisiones— que dejaron a muchas mujeres fuera del sistema.