Desde Moscú, Fidel Antonio Castro Smirnov, nieto del fundador de la dictadura cubana, salió a dar la cara… pero no para reconocer errores, sino para repetir el mismo discurso de siempre: “Cuba resistirá” frente a las sanciones de Estados Unidos.
Durante el foro Sovintern, organizado en la capital rusa, el académico cubano aprovechó cámaras y micrófonos para agradecer el apoyo energético de Rusia y lanzar críticas contra Washington. Según él, las medidas impulsadas por Donald Trump y Marco Rubio buscan presionar a países que venden petróleo a la isla.
Pero más allá del discurso político, lo que soltó fue una confesión clara de la realidad: Cuba está prácticamente paralizada por falta de combustible. El propio Castro Smirnov admitió que el país necesita energía para todo, desde hospitales hasta transporte y escuelas.
Y no es exageración. El sistema eléctrico cubano anda en crisis profunda, con un déficit que supera los 1,400 MW y apagones que duran hasta 24 horas en varias provincias del oriente. Dicho en buen cubano: el país está a oscuras y sin salida rápida.
El golpe se agravó tras nuevas medidas de Washington, que endurecieron el cerco económico al régimen. Pero hay un detalle que el oficialismo evita decir: la crisis no empezó ahora, viene arrastrándose desde hace años por la mala gestión y la dependencia total de aliados externos.
Antes incluso de estas sanciones, Cuba ya estaba contra las cuerdas. La caída del suministro venezolano y la suspensión de envíos desde México dejaron al régimen sin su principal salvavidas. Hoy, la isla produce mucho menos petróleo del que necesita, creando un hueco imposible de tapar.
Rusia ha intentado meter la mano con algunos cargamentos de crudo y diésel, pero la realidad es otra: lo que llega no alcanza ni de cerca. Para mantener el país funcionando, Cuba necesitaría varios barcos al mes, y lo que ha recibido es apenas un parche.
Mientras tanto, Castro Smirnov habla de ciencia, cooperación y legado familiar, intentando vender una narrativa de resistencia. Pero la verdad en la calle es otra: el cubano de a pie está pagando el precio de un sistema que no funciona.
Y aunque desde Moscú se lancen discursos de “aguante”, desde Washington la postura es firme. Rubio ha dejado claro que no habrá alivio sin cambios profundos en el sistema cubano. Algo que el régimen, aferrado al poder, ni se plantea.
Así que el panorama está clarito: más apagones, más crisis y cero soluciones reales a la vista. Mientras tanto, la cúpula sigue hablando… y el pueblo sigue sufriendo.

