Limay Blanco rompe el silencio: “Temo por mi familia y nadie responde”

El humorista cubano Limay Blanco encendió las redes con un video donde deja ver una realidad que muchos en Cuba conocen bien: la inseguridad y la falta total de respuesta de las autoridades.

Desde su casa en San Miguel del Padrón, el artista hizo un llamado directo a la policía, al jefe de sector y a las autoridades locales. Pero no es teatro ni rutina de comedia, es miedo real. Según cuenta, una mujer con aparentes problemas mentales lleva semanas rondando la zona armada con unas tijeras, poniendo en peligro a vecinos, incluyendo a su propia familia.

Blanco explica que lleva casi dos meses lidiando con la situación. Ha llamado al 106 una y otra vez, sobre todo los fines de semana, pero el patrón es el mismo: cuando llega la patrulla, la mujer ya desapareció. Resultado: cero solución.

La cosa se puso más tensa cuando, estando él fuera, vecinos le avisaron que la mujer intentó meterse en su casa y hasta lanzó una botella. Por suerte no pasó a mayores, pero el susto quedó. Y el peligro también. “El problema no es la botella… es la tijera que tiene arriba”, advierte.

Lo más preocupante es que no es un caso aislado. Según testimonios del barrio, la mujer ha roto ventanas a pedradas, ha entrado a una escuela primaria y hasta ha sido violenta con su propia hija. En una ocasión la policía logró llevársela, supuestamente a Mazorra, pero al otro día ya estaba de vuelta en la calle. Así mismo.

Limay cuenta que incluso una vez tuvo que sacarla él mismo de su casa, hablándole con calma para evitar que la situación se fuera de control. Y ahí soltó una frase que resume el absurdo: “dicen que no puedes tocarla porque no está en sus cabales… pero ella sí puede agredir a cualquiera”.

Para colmo, ni siquiera denunciar formalmente es fácil. Los vecinos no tienen cómo trasladarse porque no hay gasolina, otro reflejo de la crisis que lo atraviesa todo en Cuba.

El humorista, conocido por ayudar a familias necesitadas con su proyecto “Cristo Cambia Vidas”, dejó claro que nunca había llegado a este punto. Pero esta vez sí: pidió ayuda directa al gobierno, desesperado por proteger a los suyos.

Este caso no es más que otro síntoma de algo más grande. Mientras el régimen se enfoca en controlar y reprimir, la seguridad en las calles se desmorona. Los delitos aumentan, la policía no da abasto… o simplemente no aparece.