Carlos Tabares, uno de los nombres grandes del béisbol cubano, volvió al centro del debate… pero esta vez no por lo que hizo en el terreno, sino por lo que representa fuera de él. Desde Miami, el exjardinero de Industriales respondió a las críticas que le han caído encima tras recordarse su cercanía pasada con figuras del régimen.
Todo explotó por una escena que muchos no olvidan: cuando Gerardo Hernández Nordelo, alto dirigente de los CDR, le entregó una regadera como reconocimiento dentro de una campaña oficialista. Un gesto simbólico que hoy pesa más que nunca, sobre todo después de su vida actual en Estados Unidos.
En un video que se ha movido fuerte en redes, Tabares trató de bajarle la temperatura al asunto. Con tono tranquilo, soltó una frase que resume su postura: “Lo pasado es pasado, eso no tiene nada que ver con lo que uno vive hoy”. Pero claro, en el contexto cubano, esa línea no convence a todo el mundo.
Y es que la polémica no nace de la nada. Durante años, Tabares fue vendido como el típico “pelotero fiel”, ese que rechazaba contratos millonarios en Grandes Ligas para quedarse en la isla. Una narrativa que el régimen explotó a su favor, mientras miles de atletas buscaban salida.
Por eso, cuando apareció viviendo en Miami desde hace años —y casi en silencio—, muchos lo vieron como otra historia de doble discurso. Él mismo lo reconoció: hay gente que ni sabía que llevaba tiempo en Estados Unidos.
Las críticas no han sido suaves. En redes, algunos lo señalan como ejemplo de la doble moral que tanto se critica dentro del sistema cubano. Pero Tabares, lejos de engancharse, asegura que nada de eso le quita el sueño. Dice que vive tranquilo, sin problemas, y que el silencio es su mejor respuesta.
Hoy su vida es otra. Trabaja como agente financiero, entrena a jóvenes peloteros y juega softball los fines de semana con otros exjugadores cubanos. Una rutina lejos del foco político… aunque la política no lo suelte.
Su carrera, eso sí, nadie la borra. Más de dos décadas en Industriales, números sólidos, medallas olímpicas y momentos que marcaron a toda una generación. Pero en el caso cubano, el pasado nunca se queda quieto.

