El régimen cubano volvió a mostrar su cara más dura —y también sus contradicciones— con el desalojo de la vivienda del exministro Alejandro Gil Fernández en Playa, La Habana. El operativo, ejecutado temprano en la mañana, forma parte de las sanciones tras su condena a cadena perpetua, pero vino acompañado de un giro inesperado.
Mientras sacaban a la familia de la casa en Miramar, las autoridades devolvían otra propiedad en Santos Suárez, que llevaba años cerrada. Un movimiento que deja más preguntas que respuestas.
Según confirmó María Victoria Gil, hermana del exfuncionario, la familia ya se está trasladando a esa vivienda recuperada. “Les devolvieron la casa… ahora se están mudando”, explicó, dejando claro que, aunque el golpe fue fuerte, no todo terminó en pérdida total.
El desalojo en Playa arrancó bien temprano, con camiones listos y presencia de agentes para evitar que vecinos grabaran la escena. En la casa vivían la esposa de Gil, su hija, su nieta pequeña y el yerno. Todo ocurrió bajo vigilancia, sin cámaras, sin testigos visibles… como suelen hacer cuando la cosa se pone incómoda.
La vivienda desalojada no era cualquier cosa. Ubicada en Miramar, una de las zonas más exclusivas de La Habana, contaba con condiciones muy por encima de la media del cubano común. Un contraste que siempre ha generado ruido en medio de la crisis habitacional del país.
Pero la historia no termina ahí. La casa de Santos Suárez, que ahora vuelve a manos de la familia, había sido calificada por el tribunal como una “donación ficticia”. Sin embargo, al final tuvieron que reconocer su legalidad. “Eso fue una mentira, y se demostró”, soltó María Victoria sin pelos en la lengua.
El inmueble llevaba tres años cerrado y en mal estado. Incluso, según la familia, la pequeña llegó enferma por las condiciones del lugar. Aun así, la reacción ha sido de resignación. No hay alegría, pero al menos hay un techo.
Todo esto se deriva de la sentencia firme contra Gil, condenado no solo por espionaje, sino también por corrupción y otros delitos. Una caída en desgracia que el régimen ha manejado con mano dura… y, como se ve, con decisiones que a veces se pisan entre sí.
Hasta ahora, silencio oficial. Nadie explica qué pasará con la casa de Playa ni por qué se rectificó en el caso de Santos Suárez.

