¿A qué le teme un cubano? No es lo que imaginas…

El cubano, compay, es guapo… pero guapo de verdad. No porque no sienta miedo, sino porque vive obligado a enfrentarlo todos los días. En una isla donde la cosa no está fácil, el miedo no viene de películas de terror, sino de la pura realidad, esa que aprieta y no suelta.

Porque sí, el cubano se faja en una fiesta si hace falta, pero hay cosas que le pesan más que cualquier bronca. Miedos con raíz social, con historia, y con esa mezcla rara de humor y supervivencia que define al cubano de a pie.

Uno de los más marcados es el tema de la infidelidad. En el barrio eso no se juega. Que te “peguen los tarros” no es solo un problema de pareja, es casi un golpe al orgullo. Y en una sociedad donde la apariencia pesa, muchos prefieren cortar por lo sano antes que quedar mal parado.

Otro clásico: amanecer sin café. Parece relajo, pero no lo es. El café en Cuba es casi religión, es lo primero que se busca al abrir los ojos, aunque no haya pan ni nada más. Es símbolo de rutina, de calor de hogar… y de esa resistencia diaria que se vive con lo poco que hay.

También está el miedo a que te roben. Y no es paranoia, es lógica pura. En un país donde todo cuesta el triple conseguirlo, perder cualquier cosa duele el doble. Desde una cuchara hasta un ventilador, todo se cuida como oro, porque reponerlo… eso sí es misión imposible.

Y cuando la vida se pone más dura de la cuenta, aparece otro miedo bien cubano: el “bilongo”. Porque cuando nada sale bien, siempre hay quien piensa que no es mala suerte, es que alguien te echó algo. Y ahí salen los santos, los padrinos y las consultas buscando enderezar el camino.

Otro tema delicado sigue siendo la orientación sexual. Aunque las cosas han cambiado un poco, todavía arrastra prejuicios fuertes. Muchos padres viven con ese temor, no por rechazo directo, sino por el miedo a que sus hijos sufran en una sociedad que aún carga con bastante atraso mental en ese aspecto.

Y cómo no, el tema de la muerte. El cubano es supersticioso por naturaleza, y todo lo que tenga que ver con cementerios o espíritus mete respeto. Eso sí, entre tragos y retos, siempre aparece el valiente que dice que cruza un cementerio de madrugada… aunque después no aparezca ni uno.