Amarran y golpean a custodio en Holguín para robar 32 paneles solares de una estación de bombeo de agua

La crisis en Cuba sigue empujando al país hacia niveles cada vez más alarmantes de violencia y descomposición social. Esta vez, el escenario fue el reparto Oscar Lucero, en la provincia de Holguín, donde cuatro individuos asaltaron una estación de bombeo de agua, golpearon brutalmente al custodio y se llevaron los 32 paneles solares que alimentaban el sistema.

El hecho ocurrió durante la madrugada del lunes, alrededor de las tres de la mañana, según reportes divulgados por la página oficialista “Realidades desde Holguín”, vinculada al Ministerio del Interior. De acuerdo con la información publicada, los delincuentes irrumpieron en la instalación, sometieron al vigilante, lo amordazaron y lo dejaron atado antes de cargar con todos los paneles fotovoltaicos.

El robo activó rápidamente a oficiales del Departamento Técnico de Investigaciones, Criminalística e Instrucción Penal, que desplegaron un operativo para intentar recuperar los equipos sustraídos. Según la versión oficial, antes del mediodía ya habían localizado 29 de los 32 paneles robados y, horas más tarde, arrestaron a los cuatro presuntos responsables.

Sin embargo, como suele pasar en este tipo de casos en Cuba, las autoridades evitaron revelar las identidades de los detenidos y tampoco ofrecieron detalles sobre el estado de salud del custodio agredido. Hasta el momento, además, siguen desaparecidos tres paneles solares.

Lo que sí hicieron fue organizar otro de esos actos públicos donde el régimen intenta vender como “hazaña heroica” lo que en cualquier país sería simplemente trabajo policial rutinario. Los paneles recuperados fueron devueltos a la comunidad en medio de una ceremonia improvisada donde, según la publicación oficial, los vecinos “agradecieron la rapidez y eficacia” de los oficiales actuantes.

Pero detrás de toda la propaganda hay una realidad imposible de esconder: la delincuencia en Cuba se ha disparado mientras el país se hunde en la pobreza, los apagones y el colapso económico. Y este caso no es un hecho aislado.

La propia estación de bombeo ya había sido víctima de otro robo meses atrás, cuando delincuentes sustrajeron 180 metros de cableado del sistema fotovoltaico, dejando sin agua a parte del reparto durante más de dos meses.

El patrón se repite por toda la Isla. En Ciego de Ávila, dos hombres fueron condenados recientemente a largas penas de prisión tras robar decenas de miles de tornillos destinados a parques solares. Mientras tanto, en otras provincias como Las Tunas, los robos de paneles solares en estaciones de bombeo se han vuelto prácticamente habituales.

Todo esto ocurre mientras el régimen intenta vender su programa nacional de bombeo solar como una “solución estratégica” frente al desastre energético nacional. Desde 2023, el gobierno instaló más de mil sistemas solares para sustituir el diésel y garantizar el abasto de agua potable. Pero la realidad en la calle terminó chocando de frente con la propaganda oficial: esos equipos se han convertido en objetivo constante del mercado negro y de bandas desesperadas por sobrevivir en medio de la miseria.

Ante el incremento de los robos, el Tribunal Supremo Popular endureció las sanciones el año pasado, clasificando estos delitos incluso como actos de sabotaje, con condenas de hasta 30 años de cárcel. Pero ni las amenazas, ni las condenas ejemplarizantes, ni los discursos oficiales han logrado frenar una situación que refleja algo mucho más profundo: el deterioro total del país y la desesperación creciente de una población agotada por décadas de crisis.