Apagones y circo: Gerardo Hernández presume del apoyo de cubanos al régimen mostrando como bailaron algunos durante el 1ro de Mayo

El show no se detiene. Mientras Cuba atraviesa una crisis profunda, el aparato propagandístico del régimen volvió a hacer lo suyo este Primero de Mayo. Esta vez, el protagonista fue Gerardo Hernández, jefe de los CDR, quien publicó en redes una imagen de cubanos bailando en plena calle para vender una idea que ya pocos compran: la de un pueblo feliz y movilizado por voluntad propia.

La foto, tomada de madrugada en una concurrida intersección habanera, muestra a varias personas moviéndose al ritmo de la música antes del desfile. Pero el mensaje que la acompaña va directo al guion oficial: que ese es el pueblo que desde Estados Unidos “quieren asfixiar”. Pura narrativa política con filtro de fiesta.

Sin embargo, el propio video deja escapar lo que intentan ocultar. En un momento, Hernández se burla con un “obligaos, obligaos”, soltando una risa que dice más que mil consignas. Porque detrás de esas imágenes hay una realidad que no se puede tapar: presión, control y participación forzada.

El contexto no ayuda. Este año el desfile se movió de la Plaza de la Revolución a la Tribuna Antiimperialista, con la excusa de la “austeridad”. Pero lo que muchos vieron fue otra cosa: menos gente, menos entusiasmo y más caras apagadas que celebración real.

Las redes hicieron lo suyo. Videos oficiales terminaron generando críticas por la evidente falta de ánimo. Comentarios como “parecen zombis” o “eso no es alegría, es compromiso” reflejan lo que se respira en la calle: la gente va porque tiene que ir, no porque quiera.

Y mientras el régimen intenta vender fiesta, los detalles los delatan. El propio Díaz-Canel apareció desfilando con tenis Adidas de más de mil dólares, en un país donde el salario promedio ronda los 15 al mes. El contraste es tan fuerte que duele.

A esto se suma lo de siempre: detenciones antes del evento, como la del periodista Ángel Cuza, y denuncias de menores sacados de escuelas para completar las marchas. Un montaje que necesita presión para sostenerse.

No es la primera vez que figuras del poder intentan usar imágenes festivas para maquillar la realidad. Pero cada vez les cuesta más. Porque por mucho que pongan música, el país sigue en crisis.