Candela en las calles y cazuelas en los balcones: Así se están viviendo las protestas durante los apagones infernales por las noche en La Habana

La tensión volvió a prenderse en las calles de La Habana y esta vez Marianao fue uno de los epicentros del descontento popular. Entre cacerolazos, fogatas y basura incendiada, decenas de vecinos salieron nuevamente a protestar contra los apagones interminables que tienen a la capital cubana viviendo al borde del colapso.

Las imágenes difundidas en redes sociales por el opositor Eliecer Ávila Cicilia muestran calles oscuras iluminadas por el fuego, personas reunidas en plena madrugada y el sonido metálico de los calderos rompiendo el silencio de otra noche sin corriente. Una escena que ya empieza a repetirse demasiado en Cuba.

“Reportan cacerolazo en Marianao”, escribió Ávila junto a varios videos enviados por residentes del municipio habanero, donde el cansancio y la rabia parecen haberle ganado terreno al miedo.

La protesta ocurrió apenas horas después de otro estallido social en Luyanó y el Reparto Bahía, zonas donde los vecinos también salieron a la calle hartos de apagones que en algunos lugares superan las 20 horas diarias. Porque en Cuba ya no se trata solo de falta de electricidad: la gente siente que el país entero se les está derrumbando encima.

En los videos grabados desde Marianao se observan fogatas encendidas a lo largo de la vía, humo cubriendo parte del barrio y grupos de personas protestando en medio de la oscuridad. Aunque no se aprecia presencia policial directa en las grabaciones, el ambiente refleja el mismo patrón que se ha extendido por distintos puntos de La Habana: ciudadanos agotados, desafiando la represión y expresando públicamente su indignación.

Y es que el colapso energético del régimen ya entró en una fase explosiva. La Unión Eléctrica reconoció para este martes un déficit cercano a los 2,000 MW durante el horario pico nocturno, una cifra brutal que deja sin servicio eléctrico a buena parte del país.

Las averías en múltiples termoeléctricas, junto a la escasez crítica de combustible, han convertido la vida diaria en un verdadero infierno para millones de cubanos. Refrigeradores apagados, comida echándose a perder, ancianos sofocados por el calor y niños sin poder dormir forman parte de la rutina nacional mientras el régimen sigue atrapado entre excusas y propaganda.

Durante los últimos meses, las protestas espontáneas se han multiplicado en municipios habaneros como Diez de Octubre, Cerro, La Güinera, Alamar, Santos Suárez y Playa. En muchos casos, las manifestaciones terminaron rodeadas por patrullas, agentes de la Seguridad del Estado y arrestos selectivos. Pero aun así, la gente vuelve a salir.

En el Reparto Bahía, otro video difundido por la activista Lara Crofs mostró escenas similares. Calderos golpeando sin parar, trompetas improvisadas y consignas abiertas contra la dictadura marcaron otra noche caliente en la capital.

“Arriba mi Habana, son ellos o nosotros”, escribió Crofs junto a la consigna “¡Abajo la dictadura!”, reflejando el tono cada vez más frontal que empieza a tomar el malestar popular.

Las imágenes compartidas en redes sociales muestran algo que hace unos años parecía impensable dentro de Cuba: ciudadanos protestando abiertamente en barrios completos, perdiendo el miedo poco a poco y descargando públicamente la frustración acumulada tras años de miseria, apagones y promesas incumplidas.

El contexto energético tampoco ayuda. Según el más reciente parte oficial de la UNE, Cuba apenas disponía de 1,290 MW frente a una demanda superior a los 3,200 MW. Eso significa que prácticamente dos tercios del país quedaron sin electricidad durante varias horas.

Desde la madrugada ya existían enormes afectaciones y el lunes anterior la cifra de apagones había superado los 2,000 MW, una de las peores marcas registradas en meses recientes. Mientras tanto, varias plantas termoeléctricas continúan fuera de servicio entre averías, mantenimientos eternos y falta de combustible.

El régimen intenta vender la energía solar como solución milagrosa, pero la realidad golpea fuerte cada noche cuando cae el sol y Cuba vuelve a sumergirse en la oscuridad.

En apenas 18 meses, la Isla ha sufrido al menos siete colapsos totales del sistema eléctrico nacional. El más grave ocurrió el pasado marzo, cuando el país quedó prácticamente paralizado durante más de un día completo.

Para miles de cubanos, el apagón dejó de ser un problema doméstico. Ahora representa el símbolo más visible del fracaso de un sistema incapaz de garantizar siquiera lo básico. Y cada noche sin corriente parece encender también otra chispa de indignación en las calles de La Habana.