La crisis energética en Cuba ya entró en una fase crítica y cada nuevo parte oficial de la Unión Eléctrica parece más un reporte de guerra que un informe técnico. Este miércoles, el régimen reconoció que el país enfrentará una afectación de hasta 2,050 MW durante el horario pico nocturno, apenas un día después de registrar una cifra todavía peor: 2,113 MW de apagones reales, el número más alto de todo el año.
Mientras la propaganda oficial intenta maquillar el desastre hablando de “déficit de capacidad”, la realidad que viven millones de cubanos es mucho más cruel. La Isla completa se está apagando pedazo por pedazo, y lo peor es que ya no se trata de averías puntuales ni problemas pasajeros. El sistema eléctrico cubano está prácticamente colapsado.
La propia Unión Eléctrica admitió que durante las últimas 24 horas hubo afectaciones constantes en el servicio, incluyendo toda la madrugada. En otras palabras: miles de familias pasaron otra noche infernal entre calor sofocante, mosquitos, oscuridad y desesperación. Dormir en Cuba se ha convertido en un lujo.
Desde temprano en la mañana la situación ya era alarmante. A las 6:00 a.m., el país apenas contaba con 1,200 MW disponibles frente a una demanda de 2,860 MW. Eso dejó más de 1,655 MW afectados desde las primeras horas del día, confirmando que el problema ya no tiene horarios. El apagón es permanente y la paciencia popular también empieza a agotarse.
Para la noche, cuando el consumo se dispara, el panorama pinta todavía más oscuro. La UNE calcula una demanda máxima de 3,250 MW, pero solo existirán 1,230 MW disponibles. El resultado es demoledor: otro déficit gigantesco que volverá a lanzar a Cuba a una noche de apagones masivos.
Y como si fuera un chiste de mal gusto, la única “solución” prevista por las autoridades es incorporar apenas 30 MW provenientes de la unidad uno de Energás Varadero. Una cifra ridícula frente al agujero energético que tiene el país encima. Es como intentar apagar un incendio forestal con un vaso de agua.
Las averías y mantenimientos siguen dejando fuera de combate a varias termoeléctricas importantes. Entre roturas, falta de combustible y décadas de abandono, el sistema energético cubano hoy parece una reliquia soviética sostenida con alambres. Las unidades de las termoeléctricas Ernesto Guevara, Lidio Ramón Pérez, Antonio Maceo, Renté, Mariel y Nuevitas continúan fuera de servicio o trabajando a medias.
El régimen también intenta vender como éxito los parques solares fotovoltaicos. Según los datos oficiales, los 54 parques aportaron 525 MW en el pico del mediodía. Pero la propaganda choca rápidamente contra la realidad: la energía solar apenas ayuda unas horas y resulta insuficiente cuando llega la noche, precisamente el momento más crítico para las familias cubanas.
La situación ha empeorado aceleradamente durante mayo. Hace apenas unas semanas el déficit había bajado temporalmente, pero aquello duró menos que un suspiro. Ahora el país vuelve a romper récords negativos y revive el fantasma de otro colapso total del Sistema Eléctrico Nacional, algo que ya ocurrió en marzo y dejó a Cuba completamente paralizada.
Detrás de este desastre hay un problema estructural que el régimen lleva años escondiendo bajo discursos vacíos. Cuba ya no cuenta con el petróleo venezolano que durante décadas mantuvo respirando artificialmente al sistema energético. Los envíos prácticamente desaparecieron desde finales de 2025. A eso se suma el fin de las donaciones rusas de combustible, agotadas hace apenas semanas. Resultado: una dictadura quebrada, sin dinero, sin combustible y sin capacidad real para sostener el país.
Mientras tanto, el impacto humano sigue creciendo de manera brutal. La ONU ya calificó la situación cubana como una emergencia humanitaria. Más de 96 mil cirugías han sido aplazadas, cerca de un millón de personas dependen de camiones cisterna para conseguir agua y cientos de miles de niños han visto reducidas sus jornadas escolares debido al colapso energético.
La imagen de Cuba hoy es devastadora: hospitales funcionando al límite, comida echándose a perder, ancianos desmayándose por el calor y familias enteras cocinando de madrugada cuando regresa la corriente por unas pocas horas. Todo esto mientras la cúpula gobernante continúa hablando de resistencia desde oficinas climatizadas y hoteles llenos de privilegios.
Si esta noche se cumple el pronóstico oficial, Cuba habrá superado dos veces consecutivas la barrera de los 2,000 MW de afectación en menos de 48 horas. Y eso deja algo claro: mayo de 2026 ya se perfila como el mes más oscuro y desesperante del año para un pueblo que lleva demasiado tiempo sobreviviendo entre ruinas, apagones y promesas incumplidas.

