El periódico oficial La Demajagua, órgano del Partido Comunista en Granma, volvió a dejar claro este sábado hasta qué punto el régimen cubano vive desconectado de la realidad del pueblo. En medio de una crisis alimentaria brutal que tiene a millones de personas sobreviviendo prácticamente al día, el medio estatal publicó un artículo promoviendo el consumo de semillas como alternativa para “fortalecer la soberanía alimentaria” del país.
Sí, asere… semillas.
Calabaza, girasol, sésamo, granada, anacardo, amaranto y hasta frijol caballero fueron presentados como opciones “nutritivas” y económicas para enfrentar la escasez que golpea a Cuba. El texto propone agregarlas a panes, ensaladas, caldos, cremas y batidos como parte de una dieta alternativa en tiempos difíciles.
Y aunque intenta mantener un tono didáctico y optimista, desde el primer párrafo el propio artículo reconoce lo evidente: Cuba atraviesa una grave escasez de alimentos.
La ironía del asunto no pasó desapercibida para nadie, sobre todo porque La Demajagua se publica precisamente desde Granma, una de las provincias más castigadas por el hambre en toda la isla.
Según la reciente encuesta En Cuba Hay Hambre 2025, elaborada por el Food Monitor Program, casi el 79 % de la población de Granma enfrenta inseguridad alimentaria severa. Más del doble del promedio nacional.
La investigación reveló además datos devastadores: uno de cada tres hogares cubanos pasó hambre durante 2025, mientras miles de familias ya eliminaron una comida diaria porque simplemente no tienen qué poner en la mesa.
Muchos cubanos incluso se acuestan sin cenar.
Y en medio de ese desastre nacional, el régimen responde hablando de semillas y “biodiversidad agrícola”.
El propio artículo reconoce discretamente otro detalle importante: muchos de los experimentos agrícolas impulsados por el Estado han fracasado estrepitosamente.
Al hablar del amaranto, por ejemplo, el texto admite que el intento de extender su cultivo “no prosperó”. O sea, otra idea presentada como salvación revolucionaria que terminó quedándose en propaganda.
Pero ni siquiera ese reconocimiento de fracaso frena el optimismo artificial de la prensa oficial, que insiste en repetir el discurso de la “soberanía alimentaria” mientras el país depende cada vez más de importaciones y donaciones externas para comer.
Y no es la primera vez que ocurre algo así.
En los últimos años, el régimen ha ido sustituyendo soluciones reales por campañas casi surrealistas donde constantemente se pide al pueblo adaptarse a comer menos o reemplazar alimentos básicos por cualquier invento improvisado.
Hace apenas unos meses, funcionarios oficiales llegaron a sugerir que los cubanos dejaran de consumir arroz y papa porque supuestamente “no son alimentos cubanos”.
Después vino la promoción de la stevia como sustituto del azúcar, justo mientras la industria azucarera nacional colapsaba como nunca antes en la historia moderna del país.
Todo eso ocurre mientras cinco provincias cubanas ya enfrentan niveles críticos de supervivencia alimentaria y la producción agrícola continúa desplomándose.
Los números oficiales son demoledores. La producción de carne de cerdo cayó más de un 90 %. El arroz se desplomó brutalmente. Los huevos desaparecen constantemente y la leche es casi un lujo para muchísimas familias.
Y claro, el problema de fondo sigue siendo el mismo: Cuba importa entre el 70 y el 80 % de los alimentos que consume, gastando miles de millones de dólares que simplemente ya no tiene.
Hace unos días, Miguel Díaz-Canel resumió crudamente la situación al afirmar que Cuba “comerá lo que sea capaz de producir”. Una frase que para muchos sonó más a resignación que a solución.
Mientras tanto, incluso dirigentes del propio régimen han terminado reconociendo el fracaso. El viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca admitió recientemente que los resultados de la llamada Ley de Soberanía Alimentaria están muy lejos de lo que necesita el pueblo cubano.
Pero en la calle, donde la gente hace colas eternas, cocina con leña y pasa hambre de verdad, cada vez más cubanos sienten que el gobierno ya ni siquiera intenta resolver el problema… solo maquillarlo con propaganda reciclada y discursos vacíos.

