En Cuba ya no alcanza nada… ni siquiera el espacio para morir con dignidad. El cementerio Vicente García, el principal de Las Tunas, tuvo que suspender los entierros en áreas estatales, una medida que deja al descubierto un problema que lleva años pudriéndose sin solución.
La propia administración reconoció lo evidente: no hay dónde enterrar más personas. Ocho años arrastrando la crisis y ahora explotó. El panorama empeoró a finales de 2025, cuando las muertes se dispararon por encima del promedio diario.
La explicación oficial suena a lo de siempre: falta de recursos. Pero la realidad es más cruda. No hay espacio, no hay infraestructura y lo poco que existe está en condiciones precarias. Están sacando restos de entierros recientes para hacer hueco, pero ni así alcanza.
Para intentar aliviar la situación, las autoridades están moviendo enterramientos hacia el cementerio de Becerra. Pero eso no resuelve el problema de fondo. Es tapar un hueco mientras se abre otro.
Y aquí viene lo más surrealista: Las Tunas es la única provincia del país sin crematorio. Sí, en pleno 2026. Una obra que estaba a medio camino fue prácticamente desmantelada por robos, dejando el proyecto casi en cero otra vez. Equipos desaparecidos, materiales saqueados… el clásico abandono que ya ni sorprende.
El desastre no es solo en la capital tunera. Otros cementerios de la provincia también están al límite. Algunos tienen terreno para ampliarse, pero no hay dinero. Otros ni eso. Todo está paralizado, como casi todo en el país.
Y lo más duro: esto no es un caso aislado. En otras provincias la cosa va por el mismo camino. Ataúdes acumulados, nichos destruidos, restos humanos expuestos… imágenes que parecen de guerra, pero son de la Cuba real.
En La Habana, incluso el emblemático Cementerio de Colón ha sido escenario de denuncias por abandono extremo. Y por si fuera poco, ya han ocurrido situaciones que rozan lo indignante, como féretros cayendo en plena calle o familias improvisando ataúdes por falta de recursos.
Todo esto sucede mientras la mortalidad sigue subiendo. Cuba tiene una de las tasas más altas de la región, y el sistema funerario simplemente no da más.
Al final, lo que queda es una verdad incómoda: el colapso en Cuba es tan profundo que ya ni la muerte escapa de la crisis. Y mientras el régimen sigue hablando de resistencia, la realidad sigue pasando por arriba… incluso en el último adiós.

