Cuba al límite: familia sobrevive entre cartón y abandono total en Ciego de Ávila

A veces no hace falta exagerar nada para entender lo que está pasando en Cuba. Basta con mirar de cerca. En Júcaro, un pequeño pueblo costero de Ciego de Ávila, una familia vive en condiciones que no se pueden explicar solo con la palabra pobreza… esto es abandono total.

La denuncia salió a la luz gracias al activista Guillermo Rodríguez Sánchez, conocido como Rodsan, quien compartió imágenes que hablan por sí solas: paredes improvisadas con madera vieja, pedazos de cartón, piso de tierra y un techo dañado que apenas resiste. Una vivienda que no es hogar… es supervivencia pura.

Entrar allí, según describió, es como recorrer en segundos todo el deterioro que muchos prefieren no ver. “No tienen nada, nada es nada”, resumió, dejando claro que la situación va más allá de cualquier discurso oficial.

Dentro de ese escenario viven dos padres que hacen lo imposible por salir adelante. Tienen una niña de 10 años con una condición médica delicada y un adolescente que ya sale a pescar para ayudar en la casa. Pero ni eso alcanza. Hasta el mar, que debería ser salvación, apenas da lo necesario para sobrevivir.

Este caso no es aislado. En la misma provincia, miles de familias viven en condiciones similares, con viviendas precarias y sin acceso a lo básico. La crisis habitacional en Cuba lleva años agravándose sin solución real, mientras el régimen sigue vendiendo una imagen que poco tiene que ver con la realidad.

Lo más duro es que la ayuda no viene de arriba. Viene de la gente. Una joven llegó hasta el lugar con algo de comida, ropa y lo poco que pudo reunir. El propio activista ha tratado de apoyar cuando puede. La solidaridad entre cubanos se ha convertido en el verdadero salvavidas ante la inacción del Estado.

Y ahí está el contraste más fuerte.

Mientras el poder habla de resistencia, de victorias y de discursos vacíos, en lugares como Júcaro la gente no está pensando en política… está pensando en qué comer mañana. Esa es la verdadera lucha diaria en Cuba.

El llamado es claro: ayudar, compartir, visibilizar. Porque aunque parezca poco, en condiciones así, cualquier cosa suma. Como dijo el propio denunciante, hasta 50 pesos pueden marcar la diferencia entre pasar hambre o no ese día.