Díaz-Canel quiere vender al mundo la movilización del 1ro de Mayo como una victoria del régimen frente a EE.UU.

Miguel Díaz-Canel volvió a hacer lo que mejor domina: convertir una crisis en propaganda. Esta vez, interpretó las nuevas sanciones firmadas por Donald Trump el 1 de mayo como una supuesta reacción de Washington al desfile oficialista en Cuba, vendiéndolo como una señal de “fuerza” del régimen.

Durante su intervención en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba, en el Palacio de Convenciones de La Habana, el mandatario soltó con tono triunfalista que “parece que les molestó el Primero de Mayo”, insinuando que la movilización había provocado incomodidad en Estados Unidos. Un discurso que intenta inflar una narrativa épica… en medio de un país que no levanta cabeza.

La realidad es otra. La orden ejecutiva firmada por Trump ese mismo día no tiene nada de simbólica. Amplía sanciones clave contra sectores estratégicos como energía, defensa, minería y servicios financieros, y aprieta aún más el cerco con persecución bancaria internacional. Todo de aplicación inmediata, sin margen de adaptación.

Díaz-Canel respondió calificando las medidas como un “castigo colectivo” y una estrategia de “asfixia total”. Pero mientras acusa al enemigo externo, termina reconociendo lo que el cubano de a pie vive a diario: una crisis energética brutal.

El propio gobernante admitió que el país estuvo cuatro meses sin recibir combustible, dependiendo de un cargamento ruso que apenas dio un respiro momentáneo. Y lo más preocupante: ese petróleo ya se está acabando. Traducción directa al cubano: vienen más apagones… y más largos.

El contraste no puede ser más evidente. Mientras el discurso oficial habla de resistencia y victorias, la realidad es un país a oscuras, con apagones de hasta 25 horas diarias en más de la mitad del territorio y una economía en caída libre.

Aun así, el régimen insiste en inflar cifras para sostener su narrativa. Díaz-Canel presentó el Primero de Mayo como un éxito rotundo, asegurando millones de firmas en apoyo a la campaña “Mi Firma por la Patria” y una movilización masiva en las calles. Pero esas cifras han sido seriamente cuestionadas, incluso por voces dentro del ámbito académico cubano.

Algunos analistas han descrito el desfile como una puesta en escena sin alma, mientras otros señalan que los números no cuadran con la realidad demográfica de un país marcado por la emigración masiva. Y como siempre, detrás del telón aparecen denuncias de presión en centros de trabajo, escuelas y organizaciones controladas por el Estado.

Por si fuera poco, el discurso también apeló al tono militarista. Díaz-Canel mencionó a soldados cubanos caídos en Venezuela como ejemplo de resistencia ante una hipotética agresión, dejando claro que el régimen sigue apostando más por la confrontación que por soluciones reales.

Mientras tanto, desde la Cancillería se repite el libreto de rechazo a las sanciones, con declaraciones que suenan más a consigna que a estrategia. Pero en la calle, la gente no vive de discursos. Vive de resolver… o de sobrevivir.