Díaz-Canel repite su perolata de que la Revolución habría tenido más «conquistas» de no ser por el embargo

El gobernante Miguel Díaz-Canel volvió a sacar el argumento que el régimen lleva décadas reciclando: culpar al embargo estadounidense de todos los males del país. En una reciente entrevista, aseguró que Cuba habría alcanzado muchas más “conquistas” si no existiera lo que describió como “un dogal sobre el cuello del pueblo”.

Según su versión, el país no ha logrado lo que soñaba por culpa de ese obstáculo externo. Reconoció que “no hemos podido llegar a ser lo que planificamos”, pero intentó venderlo como mérito del sistema, destacando la resistencia del pueblo. Un discurso que suena bonito… pero que cada vez convence menos dentro de la isla.

Díaz-Canel fue más allá y lanzó la clásica pregunta retórica: qué sería capaz de hacer Cuba sin el embargo. Pero la realidad actual le responde sola. Un país en apagón casi permanente, con crisis energética brutal y servicios básicos colapsados.

El propio mandatario admitió que Cuba pasó cuatro meses sin recibir combustible, funcionando apenas con producción nacional que cubre menos de la mitad de lo necesario. El resultado ha sido devastador: comunidades enteras enfrentando apagones de hasta 30 y 40 horas, hospitales con retrasos críticos y más de 96 mil personas esperando cirugías.

Mientras tanto, el régimen sigue mirando hacia afuera para justificar lo que ocurre adentro. La reciente caída del suministro de petróleo —agravada por sanciones y decisiones internacionales— ha golpeado fuerte, sí, pero no explica por sí sola décadas de mala gestión, dependencia total y un modelo económico que no produce.

Incluso el “alivio” reciente, un cargamento ruso de petróleo, apenas alcanza para unos días. Un parche más en un sistema que lleva años roto.

Lo que sí queda claro es que este discurso del embargo como excusa principal se ha convertido en una herramienta política constante. Una narrativa que el régimen usa para evitar asumir responsabilidades por más de seis décadas de decisiones fallidas.

Y mientras tanto, el cubano de a pie sigue en lo mismo: apagones, escasez, incertidumbre… y un futuro cada vez más complicado.