Miguel Díaz-Canel salió este miércoles a responder directamente al secretario de Estado estadounidense Marco Rubio después de que este negara públicamente la existencia de un supuesto “embargo petrolero” contra Cuba y responsabilizara al colapso interno del régimen por la crisis energética que vive la isla.
El intercambio dejó nuevamente al descubierto el nerviosismo del castrismo frente a la creciente presión de Washington y, sobre todo, frente a una realidad imposible de esconder: Cuba está literalmente apagándose.
Todo comenzó durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, donde Rubio afirmó que no existe un bloqueo específico de petróleo contra Cuba y aseguró que el verdadero problema surgió cuando Venezuela dejó de regalar crudo al régimen cubano tras la caída de los subsidios chavistas.
“El único bloqueo fue que dejaron de mandar petróleo gratis”, vino a decir Rubio, desmontando una de las narrativas favoritas de La Habana para justificar el desastre energético nacional.
La reacción de Díaz-Canel no tardó. Desde su cuenta en X, el mandatario cubano intentó responder apelando a la Orden Ejecutiva 14380, firmada por Donald Trump el pasado 29 de enero.
“Sorprende que un alto funcionario del gobierno estadounidense diga que no existe bloqueo energético contra Cuba”, escribió Díaz-Canel, insinuando que Rubio desconoce incluso las medidas adoptadas por la propia administración de Trump.
Pero el problema para el régimen es que cada vez cuesta más venderle ese discurso a los propios cubanos, que llevan meses viviendo apagones extremos, colas interminables y una crisis económica completamente fuera de control.
Díaz-Canel también rechazó las declaraciones donde Rubio responsabilizó a la incompetencia del sistema cubano por la situación actual. El gobernante insistió en culpar a Washington de intentar “destruir” la economía de la isla mediante sanciones y presión política.
Poco después se sumó también el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, quien acusó a Rubio de “mentir” y lo calificó como “arquitecto del cerco” contra Cuba.
Sin embargo, mientras el régimen libra batallas discursivas en redes sociales y conferencias oficiales, la realidad dentro de la isla sigue siendo devastadora.
La Orden Ejecutiva 14380 efectivamente endureció las sanciones contra La Habana y declaró a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense. Las medidas incluyen castigos secundarios para países, empresas y navieras que suministren petróleo al régimen.
Eso provocó una caída drástica en las importaciones energéticas cubanas. Pero incluso antes de las nuevas sanciones, el sistema eléctrico ya llevaba años colapsando por abandono, corrupción, falta de mantenimiento y dependencia absoluta de subsidios externos.
Hoy las consecuencias son visibles en toda la isla. Hay provincias donde los apagones superan las 20 y hasta 25 horas diarias, una situación todavía peor tras la reciente salida de la termoeléctrica Antonio Guiteras del Sistema Eléctrico Nacional.
El déficit energético ronda cifras históricas mientras hospitales, negocios y hogares sobreviven como pueden entre oscuridad, calor y desesperación.
El petróleo ruso, que el régimen presentó como alternativa al venezolano, apenas cubre una pequeña parte de las necesidades reales del país. Y la producción interna tampoco alcanza ni remotamente para sostener la demanda nacional.
Como si fuera poco, el pasado 1 de mayo Trump firmó una segunda orden ejecutiva ampliando las sanciones contra sectores estratégicos del régimen, incluyendo energía, finanzas, minería y defensa.
Todo esto ocurre además en medio de un clima político cada vez más tenso. Hace apenas días, Díaz-Canel volvió a invocar la doctrina de la “Guerra de Todo el Pueblo” y habló de una posible agresión militar estadounidense, mientras Rubio respondió con otra frase que encendió todavía más las alarmas en La Habana: “Las cosas van a cambiar”.
Desde enero de 2025, Washington ha acumulado más de 240 sanciones contra el régimen cubano y ha interceptado varios cargamentos petroleros destinados a la isla. Mientras tanto, la economía cubana sigue desplomándose y ya enfrenta proyecciones de contracción severa para 2026.

