La entrevista dejó más sombras que respuestas, asere. Miguel Díaz-Canel se negó a revelar cuánta cantidad de petróleo recibía Cuba desde Venezuela, esquivando una de las preguntas más sensibles en medio de la peor crisis energética en años. Su justificación fue la de siempre: seguridad, presión externa y el cuento de los servicios de inteligencia.
Según dijo, no dar cifras es una forma de proteger al país. Pero en la práctica, lo que queda es la misma opacidad de siempre, esa que ha marcado durante décadas los acuerdos entre La Habana y Caracas. Nada claro, nada transparente… y el pueblo en el medio.
Lo que sí reconoció, sin mucho margen para esconderlo, es que Venezuela ya no podía sostener el suministro antes de que se cortara por completo. Pasar de recibir petróleo a quedarse en cero dejó a Cuba prácticamente paralizada, sin capacidad real para mover la economía ni mantener servicios básicos.
Y el golpe fue duro. Durante cuatro meses seguidos, la isla no recibió ni una gota de combustible del exterior, funcionando únicamente con lo poco que tenía almacenado y la limitada producción nacional. Resultado: apagones interminables y una crisis que se siente en cada casa.
El único respiro vino desde Rusia, con un barco que trajo unos 730 mil barriles de petróleo… regalados. Pero ni eso alcanza. El propio Díaz-Canel admitió que ese cargamento apenas cubre una parte de lo que el país necesita en un mes, algo así como un parche temporal en medio de un problema mucho más grande.
Mientras tanto, la realidad sigue apretando. Cortes eléctricos de hasta 30 o 40 horas seguidas, comunidades viviendo con apenas unas horas de luz, y un sistema que no da más. Incluso el impacto en la salud ya es alarmante, con miles de personas esperando cirugías en medio de este caos.
Cuba necesita millones de toneladas de combustible al año, pero produce menos de la mitad. El resto depende de importaciones que hoy están prácticamente bloqueadas por sanciones y falta de aliados dispuestos a asumir el costo.
Y ahí es donde vuelve el silencio. No hay cifras, no hay claridad, no hay soluciones concretas. Solo promesas, anuncios sin fechas y una crisis que sigue creciendo.

