Miguel Díaz-Canel volvió a demostrar esta semana el enorme abismo que existe entre el discurso oficial del régimen y la realidad que enfrenta el pueblo cubano todos los días. Durante la marcha por el Día Internacional de los Trabajadores en La Habana, el mandatario aseguró que Cuba ya dejó atrás el Período Especial y que la población todavía “tiene confianza”, pese al desastre económico y social que golpea al país.
Las declaraciones fueron recogidas en una entrevista publicada por el medio español Público y llegan en uno de los peores momentos que ha vivido la isla en décadas: apagones interminables, hospitales sin medicamentos, escasez extrema de alimentos y una emigración masiva que no se detiene.
Díaz-Canel encabezó la marcha oficialista que arrancó desde la Plaza de la Revolución y terminó frente a la embajada de Estados Unidos, en la llamada Tribuna Antiimperialista. Aunque la propaganda estatal intentó vender el acto como una movilización “histórica”, reportes independientes mostraron una asistencia bastante pobre, muy lejos de aquellas concentraciones multitudinarias que el régimen utilizaba como símbolo de fuerza.
Cuando le preguntaron si la crisis energética y la falta de comida podían afectar el respaldo popular al sistema, Díaz-Canel respondió con el libreto habitual de la resistencia revolucionaria. Según él, los problemas actuales no representan nada nuevo para la revolución porque Cuba ya sobrevivió momentos difíciles anteriormente y “siempre el país ha crecido”.
Pero en la calle el cuento es otro, socio.
La mayoría de los cubanos siente que la crisis actual incluso supera al Período Especial de los años noventa. Según datos recientes del Food Monitor Program, entre el 78 y el 80 % de la población considera que la situación económica de hoy es peor que aquella etapa oscura marcada por hambre, apagones y miseria generalizada.
Y esta vez el panorama luce todavía más complicado.
A diferencia de los años noventa, Cuba ya no tiene un salvavidas externo capaz de sostener artificialmente la economía. Venezuela, que durante años mantuvo vivo al régimen enviando petróleo subsidiado, perdió esa capacidad tras la caída de Nicolás Maduro en enero de 2026.
Ese golpe dejó a La Habana prácticamente sin combustible.
Durante meses, la isla operó en condiciones críticas por la falta total de petróleo, algo que el propio Díaz-Canel terminó admitiendo públicamente en abril. Entre enero y abril de 2026, Cuba pasó cuatro meses consecutivos sin recibir carburante, agravando todavía más los apagones y el colapso del transporte nacional.
Como si fuera poco, el expresidente estadounidense Donald Trump endureció aún más la presión sobre el régimen cubano. El mismo día de la marcha firmó nuevas sanciones dirigidas contra sectores estratégicos de la economía cubana, incluyendo energía, minería, finanzas y defensa.
Desde Florida, Trump lanzó además una frase que disparó todas las alarmas en La Habana: aseguró que Estados Unidos “tomará Cuba casi de inmediato”, aumentando todavía más la tensión política entre ambos países.
La reacción de Díaz-Canel no tardó. El gobernante habló de posibles agresiones militares e invocó nuevamente la doctrina de la “Guerra de Todo el Pueblo”, insistiendo en que si Cuba es atacada “habrá combate”.
Mientras tanto, el régimen continúa refugiándose en el discurso de la unidad nacional como fórmula mágica para resistir el derrumbe económico. Díaz-Canel repitió varias veces durante el acto que “la unidad” es la clave de la victoria y de la resistencia frente a las presiones externas.
En la tarima también apareció Raúl Castro, quien reapareció públicamente por primera vez desde finales de 2025, intentando proyectar una imagen de continuidad política en medio del caos.
Pero más allá de los discursos y las consignas, la realidad cubana sigue cayéndose a pedazos.
La economía nacional acumula una contracción cercana al 23 % desde 2019 y las proyecciones para 2026 apuntan a otra caída fuerte. A eso se suma el éxodo masivo: más de 600 mil cubanos han abandonado el país desde 2022 buscando escapar de la miseria, los apagones y la falta total de futuro.

