Díaz-Canel vuelve a asegurar que los Estados Unidos invadirán Cuba y advierte que «cada cubana y cada cubano tiene un fusil»

En medio de una crisis que aprieta por todos lados, Miguel Díaz-Canel volvió a sacar la carta del miedo. Este sábado, frente a delegados de más de 30 países reunidos en La Habana, el gobernante lanzó una advertencia que suena a libreto repetido: según él, existe una “inminente agresión militar” de Estados Unidos contra Cuba.

El discurso, cargado de consignas y dramatismo, se dio justo cuando el país vive apagones, escasez y desesperación. Y como ya es costumbre, en vez de soluciones, lo que llegó fue más retórica. Díaz-Canel desempolvó la vieja doctrina de la “Guerra de Todo el Pueblo”, asegurando que “cada cubano tiene un fusil” y un rol en la defensa.

Todo esto ocurre en paralelo a nuevas tensiones con Washington. La reciente orden ejecutiva firmada por Donald Trump aprieta aún más las sanciones contra sectores clave de la economía cubana. Y como si fuera poco, declaraciones incendiarias desde Florida echaron más leña al fuego.

Pero más allá del ruido político, lo que se vive dentro de la Isla es otra historia. El propio Díaz-Canel terminó reconociendo lo que el cubano de a pie sufre todos los días: una crisis energética brutal. Admitió que el país estuvo meses sin combustible y que el poco petróleo recibido recientemente ya está a punto de agotarse.

Ahí es donde el discurso empieza a hacer aguas. Mientras se habla de guerra y resistencia, la realidad es que Cuba apenas puede mantener encendidas las luces. Apagones de más de 20 horas, fábricas paralizadas y familias sobreviviendo en la oscuridad no encajan precisamente con la imagen de un país listo para un conflicto militar.

Para reforzar su narrativa, el gobernante sacó a relucir un episodio ocurrido en Venezuela, donde —según su versión— combatientes cubanos resistieron una operación militar estadounidense. Lo presentó como ejemplo de lo que sería una respuesta en caso de guerra. Una épica que suena más a propaganda que a realidad concreta.

El canciller Bruno Rodríguez también se sumó al tono desafiante, dejando claro que el régimen no piensa bajar el volumen. Pero mientras arriba se habla de armas y defensa, abajo lo que hay es miedo, cansancio y hartazgo.

El cierre del discurso no dejó dudas del guion: “No le tememos a la guerra”, dijo Díaz-Canel. Sin embargo, muchos dentro de Cuba se hacen otra pregunta mucho más urgente: ¿cómo se sobrevive hoy, antes siquiera de pensar en una guerra?

En medio de apagones, escasez de combustible y una economía al borde, la retórica bélica parece más una cortina de humo que una estrategia real. El régimen vuelve a apostar por el enemigo externo mientras el país se le desmorona por dentro.