La Unión Eléctrica soltó una noticia que, aunque suena bien, hay que cogerla con pinzas. El déficit eléctrico previsto para el horario pico bajó a 1,012 MW, el nivel más bajo en unos cinco meses. Sí, hay una leve mejoría… pero nadie se engañe, la crisis sigue ahí, latente.
Para ponerlo en contexto, hace apenas semanas la situación era mucho peor. En enero, el déficit rondaba cifras cercanas a los 1,800 MW, y en marzo casi se tocaban los 2,000. Un descontrol total que dejó a medio país a oscuras por horas interminables.
Este lunes mismo, la diferencia entre lo que había y lo que se necesitaba era brutal. Pero ahora, con esta bajada, muchos lo ven como un pequeño respiro. La pregunta es: ¿es sostenible o es otro parche más?
Según los datos oficiales, el sistema eléctrico sigue caminando flojo. La disponibilidad apenas alcanza para cubrir una parte de la demanda, y en el pico nocturno, cuando todo el mundo llega a casa, el problema vuelve a apretar. Apagones habrá… solo que un poco menos intensos.
La UNE también anunció la entrada de algunas unidades termoeléctricas, lo que ayuda a maquillar el panorama. Pero al mismo tiempo, varias plantas siguen fuera de servicio por averías o mantenimiento. Un sistema viejo, explotado y sin soluciones reales a largo plazo.
Y aquí viene el detalle clave: esta “mejoría” coincide con la llegada de combustible ruso. El petróleo donado permitió reactivar ciertas operaciones y aliviar momentáneamente la situación. Pero ojo… ese suministro apenas cubre una parte de la demanda nacional y por tiempo limitado.
O sea, hoy hay algo de luz… mañana quién sabe.
El propio sistema reconoce que el país está prácticamente seco en términos energéticos. Sin importaciones estables, sin infraestructura renovada y con una economía en caída, el modelo simplemente no da para sostenerse.
Así que sí, el déficit bajó. Pero el problema de fondo sigue intacto. Cuba sigue dependiendo de donaciones, parches y decisiones de último minuto para mantener el país encendido.
Al final, lo que vive el cubano de a pie no son cifras… son horas sin corriente, calor, comida echándose a perder y una rutina marcada por la incertidumbre.
Hoy hay un respiro… pero la crisis no se ha ido a ningún lado.

