El gigantesco buque de asalto anfibio USS Iwo Jima (LHD-7) volvió a aparecer esta semana en aguas del Caribe y su llegada a Puerto Rico no pasó desapercibida. La embarcación militar estadounidense atracó nuevamente en el puerto de Ponce el pasado jueves, apenas cuatro meses después de protagonizar una de las operaciones más explosivas de los últimos años: la captura de Nicolás Maduro bajo órdenes directas del presidente Donald Trump.
El regreso del buque fue documentado por el fotógrafo puertorriqueño Michael Bonet, quien publicó imágenes del enorme navío entrando lentamente al puerto acompañado por remolcadores. Pero detrás de esa escena aparentemente rutinaria hay una historia que todavía sacude a América Latina y mantiene al Caribe bajo fuerte tensión militar.
Fue precisamente en la cubierta del USS Iwo Jima donde Maduro y su esposa Cilia Flores fueron retenidos tras la operación ejecutada en Caracas el pasado 3 de enero de 2026. Desde ese mismo barco, Trump publicó la primera fotografía del dictador venezolano bajo custodia militar, una imagen que dio la vuelta al mundo y que terminó convirtiéndose en símbolo del colapso definitivo del chavismo.
Después de permanecer temporalmente a bordo del Iwo Jima, Maduro fue trasladado hacia la base naval de Guantánamo y posteriormente llevado a Nueva York para enfrentar cargos federales relacionados con narcotráfico y terrorismo.
Lejos de regresar a territorio estadounidense tras aquella operación, el USS Iwo Jima permaneció desplegado en el Caribe como parte de nuevas maniobras militares y ejercicios tácticos encabezados por la 22 Unidad Expedicionaria de Marines.
Según reportes recientes del Comando Sur, el buque ha estado realizando operaciones intensivas con helicópteros MH-60S Seahawk y convertiplanos MV-22B Osprey, incluyendo descensos de combate, aterrizajes rápidos y ejercicios de despliegue sobre el mar Caribe.
Al arribar nuevamente a Puerto Rico, el barco llevaba en cubierta al menos diez aeronaves V-22 Osprey y un helicóptero Seahawk, reforzando la percepción de que Washington mantiene una presencia militar constante y altamente activa en la región.
Pero la historia reciente del Iwo Jima también ha estado marcada por tragedias. En febrero, el cabo primero Chukwuemeka E. Oforah, de apenas 21 años, cayó al mar desde el buque durante una misión nocturna en el Caribe. Tras una búsqueda de 72 horas con cinco barcos y diez aeronaves, el joven marine fue declarado muerto.
El regreso del USS Iwo Jima ocurre además en medio de la continuidad de la llamada Operación Lanza del Sur, una ofensiva militar impulsada por el Comando Sur desde septiembre de 2025 para combatir el narcotráfico en el Caribe y el Pacífico Oriental.
La operación, dirigida por el general Francis L. Donovan, ya acumula decenas de ataques letales. Según cifras oficiales, hasta abril se habían ejecutado más de 50 operaciones armadas que dejaron más de 160 personas abatidas en acciones vinculadas al tráfico internacional de drogas.
Solo en los primeros días de mayo, fuerzas estadounidenses eliminaron a dos presuntos narcotraficantes en una lancha rápida en aguas del Caribe y posteriormente lanzaron otro operativo armado en la región.
Todo indica que la administración Trump no tiene intención de disminuir la presión militar en el Caribe. Al contrario. La presencia constante del USS Iwo Jima, junto con el aumento de vuelos de inteligencia y operaciones navales en la zona, refuerza la sensación de que Washington está decidido a mantener vigilancia total sobre gobiernos aliados del viejo eje chavista y sobre las rutas del narcotráfico regional.

