La Habana arde: nuevas protestas sacudieron anoche la capital de Cuba mientras el régimen responde con represión

La tensión volvió a explotar en las calles de La Habana. La noche del 14 de mayo estuvo marcada por nuevas protestas en Guanabacoa, donde vecinos cansados de vivir prácticamente a oscuras levantaron barricadas y encendieron fogatas en plena vía pública como respuesta a los apagones interminables que ya alcanzan hasta 22 horas diarias.

Videos difundidos en redes sociales muestran escenas que parecen sacadas de un país al borde del colapso: humo espeso cubriendo las calles, llamas iluminando la noche y grupos de personas enfrentándose a la policía mientras se escuchaban gritos y consignas contra el régimen.

Según publicaciones compartidas por la página Libre Del Comunismo, las fuerzas policiales llegaron rápidamente para intentar sofocar la protesta. Pero esta vez la reacción popular fue diferente. Varias personas respondieron lanzando piedras contra los agentes en medio del caos.

“La calle es la única”, escribieron usuarios junto a las imágenes que comenzaron a viralizarse rápidamente y acumularon decenas de miles de visualizaciones en pocas horas.

Las protestas no quedaron limitadas a Guanabacoa. Desde el miércoles anterior, distintos municipios habaneros comenzaron a calentarse por el creciente desespero social generado por los apagones masivos.

En Playa, vecinos denunciaron golpes y represión policial contra manifestantes que salieron a exigir corriente y mejores condiciones de vida. Mientras tanto, en Marianao, residentes bloquearon calles completas tras pasar más de 20 horas consecutivas sin electricidad.

Uno de los momentos más tensos ocurrió en un servicentro de CUPET ubicado en la intersección de Dolores y 24, donde manifestantes apedrearon la instalación durante la noche.

Todo esto ocurre en medio de una crisis energética que ya muchos consideran la peor en décadas.

El 13 de mayo, la Unión Eléctrica de Cuba reconoció oficialmente un déficit récord de 2,113 MW en el Sistema Eléctrico Nacional. A esa hora, apenas había disponibles 1,230 MW frente a una demanda que superaba los 3,250 MW. Un escenario prácticamente insostenible para cualquier país.

El propio ministro de Energía, Vicente de la O Levy, terminó admitiendo públicamente que algunos circuitos de La Habana estaban soportando apagones de entre 20 y 22 horas diarias.

Pero la respuesta de la calle no tardó en llegar. “No es malestar, es abuso”, comenzaron a repetir muchos cubanos en redes sociales mientras compartían imágenes de niños durmiendo bajo el calor, ancianos sin corriente y familias cocinando con carbón como si el país hubiera retrocedido décadas.

En medio de las manifestaciones también se reportaron cortes masivos de internet en varias zonas de la capital, algo que ya se ha vuelto una práctica recurrente cada vez que aumenta la tensión social en Cuba. Al mismo tiempo, vecinos denunciaron fuerte presencia de motos, patrullas y agentes de la Seguridad del Estado patrullando las áreas más calientes.

Uno de los comentarios que más indignación provocó fue el del exespía del régimen Gerardo Hernández, quien reaccionó con sarcasmo en redes sociales sobre la quema de contenedores y dejó caer que protestar en Cuba “puede costar caro”. Además, volvió a culpar al embargo estadounidense por la crisis de combustible y los apagones.

Mientras tanto, Miguel Díaz-Canel insistía en repetir que “Cuba sigue en pie”, respondiendo a quienes califican al país como un “Estado fallido”. Pero en las calles, cada vez más cubanos sienten exactamente lo contrario.

La situación llegó a tal punto que la Embajada de Estados Unidos en Cuba emitió una alerta de seguridad relacionada con los apagones y las protestas ocurridas en La Habana.

Y los números reflejan claramente el crecimiento del malestar social.

El Observatorio Cubano de Conflictos registró 1,133 protestas solamente durante abril de 2026, casi un 30 % más que en el mismo período del año anterior. Una cifra que deja claro que la presión dentro de Cuba no está bajando… está explotando.

Lo ocurrido entre el 13 y el 14 de mayo parece marcar un nuevo punto crítico en una isla agotada por la miseria, la represión y los apagones interminables. Porque mientras el régimen insiste en discursos reciclados y promesas vacías, en la calle crece otra sensación mucho más peligrosa para el poder: la de un pueblo que poco a poco está perdiendo el miedo.