En medio de la compleja realidad cubana, donde la salud pública se cae a pedazos y la fe muchas veces se convierte en refugio, hay una institución que no pasa desapercibida. En el municipio Playa, en La Habana, funciona la única Iglesia de Cristo Científico en Cuba y la primera de su tipo en toda América Latina.
Hasta ahí todo normal… pero cuando entras en su doctrina, la cosa cambia.
Esta comunidad promueve las enseñanzas de Mary Baker Eddy, quien en el siglo XIX desarrolló lo que llamó “ciencia cristiana”. Una visión religiosa que mezcla espiritualidad con ideas que muchos consideran difíciles de sostener.
Sí, estudian la Biblia. Pero al mismo tiempo, rechazan pilares fundamentales del cristianismo tradicional, incluyendo la divinidad de Cristo. Y eso ya pone el tema caliente.
Pero lo más polémico no es eso.
Dentro de esta corriente, se defiende la idea de que la enfermedad no existe realmente y que la mente humana, bien entrenada, puede sanar cualquier dolencia. Traducido al cubano de a pie: no creen en médicos como primera opción.
En un país donde conseguir medicamentos es casi una misión imposible, este tipo de creencias genera debate fuerte. Porque una cosa es la fe… y otra es negar la realidad de un sistema de salud colapsado.
La estructura de la iglesia también es diferente. No hay pastores como tal, sino lectores y practicantes. Todo gira en torno al estudio, la interpretación y la práctica de esa “curación espiritual” que defienden.
Históricamente, este movimiento nació en Estados Unidos en el siglo XIX, con escuelas y centros que intentaron vincular la espiritualidad con la sanación física. Sin embargo, las autoridades nunca terminaron de aceptar su enfoque como medicina real.
Hoy, en Cuba, esta iglesia es una extensión de la sede principal en Massachusetts, manteniendo la misma línea de pensamiento: la mente como herramienta para sanar, el espíritu como base de todo.
Pero en el contexto cubano actual, donde la gente enfrenta escasez, enfermedades y abandono institucional, esta doctrina genera más preguntas que respuestas.

