La mentira mejor decorada de Varadero: la ‘casa’ de Al Capone que nunca fue suya

Varadero sigue siendo ese imán turístico que te venden como el paraíso del Caribe, con sus aguas claras y arena que parece harina. Pero detrás de esa postal perfecta, hay historias que no son tan cristalinas. Una de las más curiosas —y un poco infladas— es la famosa Casa de Al Capone, un sitio que mezcla misterio, marketing y bastante imaginación.

Ubicada en Kawama, esta construcción presume haber sido hogar del mítico mafioso Al Capone. Desde que llegas, el montaje está clarito: una réplica de su carro en el jardín, una imagen a tamaño real del personaje recibiéndote como si estuviera esperando un cafecito contigo, y todo un ambiente diseñado para venderte esa película de gánsteres en versión tropical.

Por dentro, la cosa sigue con la misma vibra. Las paredes están llenas de fotos, recortes y referencias a la vida del capo. El llamado Bar Capo le mete sazón a la experiencia, donde el visitante puede echarse un trago mientras se cree parte de esa historia turbia que marcó una época.

La casa en sí no está nada mal. Es una edificación elegante, con detalles arquitectónicos que llaman la atención: arcos, balcones, madera y una vista privilegiada frente al mar. Todo muy bonito, todo muy “instagrameable”… pero ojo, que aquí viene el detalle que no siempre te cuentan.

La famosa “Casa de Al Capone” nunca fue de Al Capone. Así, sin vueltas. Para cuando se construyó en los años 30, el hombre estaba preso, bien lejos de Varadero. En realidad, la propiedad pertenecía al coronel Eugenio Silva Giquel, figura clave en el desarrollo de esa zona durante la República.

Entonces, ¿qué queda? Un sitio bien montado, con buena comida y una historia que funciona más como gancho turístico que como verdad histórica. Y claro, en un país donde el régimen vive de maquillar realidades, no sorprende que hasta el turismo venga con su dosis de ficción bien vendida.