La tienda online Katapulk entra también al negocio de venta de balitas de gas por 29 dólares en Cuba

La crisis del gas licuado en Cuba sigue destapando una realidad cada vez más dura y absurda. Ahora la tienda online Katapulk se sumó oficialmente a la polémica venta de balitas de gas de 10 kilogramos por 29 dólares, exactamente el mismo precio que comenzó cobrando Supermarket23 hace apenas unos días.

Pero la historia no termina ahí.

Al igual que Supermarket23, Katapulk también impone una condición obligatoria para completar la entrega: el cliente debe entregar un cilindro vacío en buenas condiciones para poder recibir el lleno. Sin balita vacía, no hay gas. Así de simple.

Y por si fuera poco, las entregas por ahora están limitadas únicamente a La Habana, dejando fuera a millones de cubanos en provincias donde la crisis energética y de combustible es incluso peor.

La situación refleja hasta qué punto cocinar en Cuba se ha convertido prácticamente en un privilegio de supervivencia.

Porque mientras el régimen sigue hablando de resistencia y soberanía energética, la realidad es que miles de familias hoy dependen de remesas, tiendas dolarizadas y plataformas privadas para poder poner comida en la mesa.

En el artículo anterior sobre Supermarket23 ya quedaba claro el nivel de deterioro nacional. Los 29 dólares que cuesta una balita equivalen actualmente a más de 15 mil pesos cubanos al cambio informal. Para muchísimos trabajadores estatales, eso representa varios meses completos de salario.

O sea, el cubano promedio no solamente tiene que resolver cómo conseguir dólares… también necesita tener una balita vieja “aceptable” para entrar en el negocio.

Y ahí aparece otro problema enorme.

La mayoría de los cilindros que existen en las casas cubanas llevan años deteriorándose sin mantenimiento adecuado. Muchos están oxidados, golpeados o remendados después de décadas de escasez y abandono estatal. Eso significa que incluso personas que logren reunir el dinero podrían quedarse sin acceso al servicio si el recipiente no cumple las condiciones exigidas.

La escena parece salida de un país colapsado: gente revisando si la balita tiene demasiada oxidación mientras los apagones revientan media isla.

La entrada de Katapulk a este mercado también vuelve a colocar el foco sobre la polémica figura de Hugo Cancio, empresario vinculado públicamente a la plataforma y señalado durante años por sectores del exilio como una figura cercana a intereses económicos del régimen cubano.

De hecho, muchísimos críticos consideran que Katapulk ha funcionado históricamente como una especie de fachada comercial conectada indirectamente con estructuras estatales cubanas, aunque operando bajo una imagen empresarial privada y moderna dirigida al mercado de remesas.

Y claro, en medio del desastre energético actual, el negocio del gas en dólares se convierte en otra mina de oro.

Porque mientras el Estado cubano no logra garantizar ni electricidad ni combustible estable, plataformas dolarizadas ocupan el vacío vendiendo servicios básicos a precios imposibles para la mayoría de la población.

Todo esto ocurre en medio de una crisis brutal de suministro de GLP que lleva meses golpeando a la isla. El problema empeoró dramáticamente después de que varios cargamentos energéticos fallaran y el gobierno quedara prácticamente sin capacidad financiera para sostener importaciones constantes de combustible.