Manuel Marrero pide a los turistas que viajen a Cuba pues asegura que sus viajes «ayudan al pueblo»

El primer ministro del régimen cubano, Manuel Marrero Cruz, inauguró este jueves la edición 44 de FITCuba 2026 con un discurso grabado y transmitido por YouTube, una escena que para muchos terminó retratando mejor que cualquier estadística el desastre actual del turismo en la isla.

Lo que durante años fue presentado por la dictadura como una vitrina internacional llena de lujo, hoteles abarrotados y operadores extranjeros, ahora terminó reducido a una presentación virtual que el régimen intenta vender como “modernización tecnológica”. Pero la realidad, socio, huele más a crisis que a innovación.

Durante su intervención, Marrero insistió en el viejo discurso propagandístico del castrismo y aseguró que “cada turista que viaja a Cuba está ayudando al pueblo cubano”. También presumió de que, pese al colapso económico nacional, las inversiones en turismo no se han detenido.

Y ahí es donde muchos cubanos se hacen la misma pregunta de siempre: ¿cómo puede seguir construyendo hoteles un gobierno que no logra garantizar corriente, comida ni medicinas?

El funcionario agradeció además a los socios internacionales que todavía hacen negocios con el régimen y lanzó un mensaje de optimismo completamente desconectado de la realidad que vive el cubano de a pie.

“Pensamos que estas sanciones no serán duraderas”, afirmó Marrero, mientras prometía que Cuba seguirá lista para recibir visitantes extranjeros. Incluso apeló al discurso romántico de siempre: el sol, las playas y la hospitalidad del pueblo cubano como supuestas armas invencibles frente a la crisis.

“Nos podrán bloquear económicamente, pero no podrán bloquear nuestras playas”, dijo el primer ministro, intentando maquillar con consignas tropicales una situación que ya resulta inocultable.

Lo que Marrero evitó mencionar fue el drama humano que se esconde detrás del derrumbe turístico. Según distintas cifras, alrededor de 300 mil personas vinculadas al sector han quedado prácticamente sin empleo o sin ingresos estables debido al desplome del turismo, mientras el propio régimen propone “reubicarlos” recogiendo basura o trabajando en agricultura.

Las cifras oficiales son demoledoras.

Durante el primer trimestre de 2026, Cuba recibió apenas 298 mil turistas internacionales, una caída cercana al 48% respecto al mismo período del año anterior. Pero marzo fue todavía peor: solo llegaron poco más de 35 mil visitantes, frente a los casi 170 mil que arribaron en marzo de 2025.

El desplome ya no puede esconderse ni con propaganda ni con estadísticas maquilladas.

El turismo ruso, que el régimen intentó vender como salvación económica tras el alejamiento de mercados occidentales, prácticamente desapareció. Apenas 249 turistas rusos llegaron en marzo.

Y el golpe más fuerte vino desde Canadá, históricamente el principal emisor de turistas hacia la isla. El pasado marzo solo arribaron 511 canadienses, cuando un año antes habían llegado más de 98 mil. Una caída brutal de casi el 100%.

Mientras tanto, Gaviota S.A., controlada por GAESA y las Fuerzas Armadas, ya comenzó a cerrar hoteles ante la falta de clientes. Solo en Cayo Santa María bajaron las cortinas de 20 instalaciones, dejando a más de siete mil trabajadores en el aire.

La ocupación hotelera tampoco deja espacio para cuentos. Más del 80% de las habitaciones permanecen vacías en varios polos turísticos del país. En otras palabras: hoteles fantasmas sostenidos a costa del dinero estatal mientras el pueblo sigue hundido entre apagones y escasez.

Todo esto ocurre además en medio de una creciente tensión entre Washington y La Habana.

El mismo día que arrancó FITCuba, la Office of Foreign Assets Control (OFAC) anunció nuevas restricciones contra entidades cubanas, mientras fuerzas militares estadounidenses concluían ejercicios navales Flex 2026 cerca de Key West, a apenas 140 kilómetros de Cuba.

En paralelo, Miguel Díaz-Canel volvió a recurrir al discurso del miedo y habló recientemente de una posible agresión militar estadounidense, llamando incluso a prepararse para combatir.

Pero dentro de Cuba cada vez más personas tienen claro que el verdadero enemigo del país no son las sanciones ni los ejercicios militares. El problema lleva décadas sentado en el poder.

Porque mientras Marrero invita al mundo a “ayudar al pueblo cubano” viajando a hoteles controlados por los militares, millones de cubanos sobreviven entre apagones interminables, salarios pulverizados y una miseria provocada por más de seis décadas de control absoluto, corrupción e improvisación económica.

El turismo, que alguna vez fue presentado como la locomotora de la economía cubana, hoy parece otro vagón descarrilado del fracaso del modelo comunista.

Y las cifras no perdonan. Desde 2018, Cuba ha perdido más del 60% de sus visitantes internacionales. El país pasó de recibir 4,7 millones de turistas al año a cerrar 2025 con apenas 1,81 millones, la peor cifra en más de veinte años si se excluye la pandemia.