Marco Rubio guarda distancia y ahora evita responder preguntas directas sobre lo que puede ocurrir con Cuba

El tema Cuba volvió a quedar en el aire… y esta vez con más dudas que certezas. El secretario de Estado Marco Rubio evitó responder una pregunta directa sobre la isla durante una comparecencia en Washington, dejando claro que algo se está moviendo… pero nadie lo quiere decir en voz alta.

La pregunta vino del periodista Leonardo Feldman, quien quiso saber si había novedades, sobre todo después de que Donald Trump ha repetido varias veces que “Cuba es la siguiente”. Pero Rubio, ni corto ni perezoso, simplemente ignoró el tema.

El silencio no fue casual. Coincidió justo con el vencimiento de un plazo clave que Estados Unidos había puesto al régimen para liberar presos políticos de alto perfil. La respuesta desde La Habana fue la de siempre: negarlo todo y cerrar filas.

Desde la ONU, el diplomático cubano Ernesto Soberón salió a desmentir cualquier ultimátum, mientras el poder en la isla insiste en su discurso de “respeto mutuo”, que en la práctica significa no ceder en nada.

Por su parte, Miguel Díaz-Canel ha intentado bajar el tono, diciendo que las conversaciones con Washington son “respetuosas” y que están en fase inicial. Pero al mismo tiempo dejó claro que no piensa negociar ni cambios políticos ni la liberación de presos. O sea, diálogo… pero sin tocar lo que realmente importa.

Detrás del telón, la cosa está caliente. Desde enero, la política de presión de Estados Unidos ha subido de nivel, con sanciones más duras y medidas que han golpeado directamente la entrada de combustible a la isla.

A eso se suma algo clave: reuniones discretas entre funcionarios estadounidenses y figuras cercanas al poder cubano, incluso fuera de los canales tradicionales. Se está negociando… pero en silencio y con cautela.

Mientras tanto, el reloj corre. Washington ha dejado caer que el régimen tiene una “ventana pequeña” para llegar a un acuerdo. Y cuando en política se habla de ventanas cortas… es porque la presión viene fuerte.

El problema es que, hasta ahora, todo son señales mezcladas. Promesas de anuncios importantes, reuniones que no se explican y declaraciones que esquivan lo esencial.

En buen cubano: mucho movimiento por debajo… pero de cara al público, puro silencio.

Y en ese juego, el que sigue esperando es el pueblo cubano, que mira todo esto desde la misma realidad de siempre: crisis, apagones y un futuro que todavía no termina de aclararse.