Mientras piden creatividad y resistencia, Díaz-Canel marcha el 1ro de Mayo con unos Adidas valorados en casi 1500 dólares

El régimen cubano salió este Primero de Mayo con su discurso de siempre, hablando de paz y del famoso “bloqueo”, pero lo que de verdad se robó el show no fue la muela política… fueron los pies de Miguel Díaz-Canel.

Sí, asere, porque las redes explotaron cuando salieron imágenes del mandatario caminando bien tranquilo con unos tenis de alta gama que rondan los 1,400 dólares en internet. Una cifra que en Cuba suena a ciencia ficción para la mayoría.

El desfile, que ni siquiera fue en la Plaza de la Revolución sino frente a la Embajada de Estados Unidos en el Malecón, reunió a toda la cúpula del poder. Pero el discurso quedó en segundo plano cuando la gente empezó a fijarse en el detalle que lo dice todo: lujo arriba, miseria abajo.

El periodista Mario J. Pentón lo soltó sin filtro: con lo que cuestan esos zapatos —y los del canciller— una familia cubana puede sobrevivir medio año. Y no exagera. En un país donde los jubilados cobran menos de cinco dólares al mes y muchos trabajadores apenas llegan a 15, ese tipo de imagen cae como una patada.

En redes, la indignación fue directa, sin maquillaje. Una usuaria le tiró sin miedo: “mientras el pueblo pasa hambre, tú caminando en tenis de lujo”. Y esa frase resume el sentir de miles.

Porque no es solo el calzado. Es el contraste brutal con la realidad: apagones eternos, comida que no alcanza, hospitales en crisis y un transporte que no levanta cabeza. Mientras tanto, arriba, el poder vive en otra dimensión.

Y esto no es nuevo. Es un patrón que viene repitiéndose como disco rayado. Desde marchas con tenis de marcas internacionales, hasta relojes de lujo en viajes oficiales, pasando por ropa cara en momentos donde el discurso exige “resistencia”.

Todo esto deja una imagen clara: una élite desconectada, que predica sacrificio mientras vive cómodo. Una puesta en escena que cada vez convence a menos gente.

Como dijo en su momento un analista, estas escenas son vistas como una bofetada por un pueblo que lleva años escuchando cuentos de austeridad. Y no es para menos.