En medio de la crisis total que vive Cuba, el régimen vuelve a jugar su carta favorita: la amenaza externa como cortina de humo. Esta vez, páginas afines a la dictadura han comenzado a difundir un mensaje alarmista: la supuesta capacidad de llenar el Estrecho de la Florida con minas navales ante una eventual intervención militar de Estados Unidos.
El planteamiento suena fuerte, casi de película. Se habla del estrecho —ese tramo de apenas 145 kilómetros— como si fuera una especie de “arma estratégica” capaz de paralizar el comercio internacional. Pero cuando uno lo mira con cabeza fría, lo que hay detrás es más propaganda que realidad.
Según ese discurso, Cuba podría bloquear la ruta marítima usando recursos simples, incluso sin tecnología avanzada, apoyándose en las corrientes marinas para dispersar minas. Una narrativa que intenta proyectar poder… en un país que hoy no logra ni mantener estable su propio sistema eléctrico.
Porque esa es la contradicción que no pueden esconder.
Mientras hablan de estrategias militares y escenarios de guerra, la isla enfrenta apagones de horas, escasez de combustible y una economía en caída libre. El contraste es tan grande que cuesta tomar en serio ese tipo de amenazas.
El relato también insiste en que un cierre del Estrecho de la Florida provocaría un colapso económico en Estados Unidos, afectando puertos clave y cadenas de suministro. Pero lo que no dicen es que Cuba hoy depende más que nunca del exterior para sobrevivir, y cualquier escenario de conflicto real sería devastador primero para la propia isla.
En buen cubano: están hablando de cerrar el paso… cuando apenas pueden mantener abierto el país.
Este tipo de mensajes no son nuevos. Forman parte de una estrategia repetida durante décadas: crear un enemigo externo, exagerar la amenaza y desviar la atención de los problemas internos. Una fórmula que el régimen activa cada vez que la presión social sube.

