“Minas en las costas de Cuba”: la nueva narrativa que vende el régimen en redes sociales tras las palabras de Trump sobre intervenir la isla

En las últimas horas, páginas afines al régimen cubano han empezado a mover con fuerza un mensaje que parece sacado de película de guerra. Todo surge tras las declaraciones de Donald Trump sobre una posible acción rápida contra Cuba. A partir de ahí, la maquinaria propagandística se activó sin freno.

El texto que circula en Facebook asegura que las aguas alrededor de la isla estarían minadas desde hace años por la Marina de Guerra Revolucionaria. La narrativa va más allá: advierte que cualquier embarcación que intente acercarse sin autorización podría enfrentarse a un riesgo real, alimentando un clima de tensión que no pasa desapercibido.

Según ese discurso, todas las rutas marítimas hacia Cuba estarían controladas y vigiladas, obligando a cualquier barco a comunicarse por el canal 16 antes de intentar entrar. Ese canal, utilizado internacionalmente para emergencias, es presentado como la única vía segura para evitar “incidentes”.

Pero aquí es donde la historia empieza a oler raro. El mensaje mezcla datos técnicos reales con afirmaciones difíciles de verificar, creando una narrativa que parece más diseñada para generar miedo que para informar. Y en el contexto actual, eso no es casualidad.

El régimen lleva años utilizando este tipo de contenido para reforzar su discurso de “plaza sitiada”. Cada vez que sube la presión internacional, aparece una nueva historia que apunta a una supuesta amenaza externa. Es el mismo libreto de siempre: crear un enemigo para justificar el control interno.

Mientras tanto, la realidad dentro del país sigue siendo otra. Apagones, escasez, inflación y una crisis que no da tregua. Pero en lugar de hablar de eso, la conversación se desvía hacia invasiones hipotéticas y escenarios militares que poco tienen que ver con la vida diaria del cubano.

El uso del canal 16, las rutas marítimas y los protocolos de entrada son normas internacionales conocidas. Pero presentarlas dentro de este relato alarmista convierte algo técnico en una herramienta política. No es información, es manipulación disfrazada de seguridad.