Régimen carga con todo contra “Spider-Man” y le presentan un nuevo cargo por llamar a manifestarse al pueblo cubano

El caso de Javier Ernesto Martín Gutiérrez, el peleador cubano conocido como “Spider-Man”, sigue escalando… pero no en el ring, sino en la maquinaria represiva del régimen. Ahora, las autoridades intentan sumarle un nuevo cargo: “incitación a manifestarse”, según contó su familia tras poder verlo por primera vez en Villa Marista.

La visita, conseguida este miércoles, fue corta y completamente vigilada. Su pareja, Lisandra Cuza, y su madre apenas pudieron hablar con él bajo la mirada constante de la Seguridad del Estado. Ni una palabra libre, todo controlado.

Pero incluso en ese escenario, lo que se vio fue claro. Marcas en el cuerpo, señales de la detención violenta del 24 de abril en Marianao, cuando, según su propio testimonio, fue rodeado por unos diez agentes vestidos de civil. “Me cayeron arriba y me golpearon”, denunció.

Lejos de echarse para atrás, el luchador se mantiene firme. No ha cambiado su discurso, y eso es precisamente lo que más le pesa al régimen. Según su pareja, lo dejó bien claro: “Aquí el presidente no sirve”. Una frase que en cualquier país sería opinión… pero en Cuba te puede costar la libertad.

Sobre la acusación de incitar a otros, él mismo respondió desde su encierro con una verdad incómoda: la gente no salió porque tiene miedo. Y remató sin rodeos: él sí salió, sabiendo perfectamente a dónde podía terminar.

Todo comenzó días antes de su arresto, cuando desde el balcón de su casa denunciaba lo que muchos ven a diario: drogas, violencia y personas —incluyendo niños— buscando comida en la basura. No era espectáculo, era desesperación con micrófono.

Sin embargo, la narrativa oficial no tardó en activarse. Desde medios alineados al poder lo tildaron de “show mediático” y dejaron caer la vieja jugada de siempre: cuestionar su salud mental. Desacreditar al que alza la voz… un patrón repetido por décadas.

Su familia lo desmiente sin titubeos. Dicen que está sano, lúcido y que todo lo que hizo fue hablar desde el dolor de ver la realidad del país. Nada más… y nada menos.

Este caso no es aislado. Forma parte de una represión que sigue creciendo, con decenas de nuevos presos políticos en los últimos meses. El mensaje es claro: en Cuba, opinar sigue siendo peligroso.