El histórico complejo militar de Parque Histórico Militar Morro-Cabaña acaba de dar un giro que hace unos años habría parecido imposible dentro del modelo controlado por el castrismo.
La institución, administrada por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lanzó oficialmente una convocatoria dirigida a emprendedores privados, gestores culturales y organizadores de eventos para desarrollar proyectos dentro de sus instalaciones, en una clara señal de que la crisis económica ya obligó incluso a estructuras militares a buscar dinero donde antes no querían mirar.
La convocatoria apareció publicada en la página oficial de Facebook del parque coincidiendo con el aniversario 33 del recinto y utiliza un tono inusualmente abierto hacia el sector privado.
“El Parque Histórico Militar Morro-Cabaña abre sus puertas a una nueva etapa de colaboración”, señala el comunicado, prometiendo convertirse en un “socio institucional” para quienes quieran llevar proyectos culturales o comerciales al lugar.
Y sí, estamos hablando del mismo complejo histórico controlado durante décadas bajo estricta lógica estatal y militar.
Ahora, en medio del desastre económico que vive Cuba, el régimen parece dispuesto a flexibilizar espacios que antes eran prácticamente intocables.
La propuesta incluye áreas enormes y emblemáticas de la fortaleza: plazas al aire libre, teatros climatizados, salones, murallas, bóvedas, terrazas y patios históricos con vista a la Bahía de La Habana.
Las actividades permitidas van desde conciertos y teatro hasta bodas, cumpleaños, ferias temáticas, cosplay, cine al aire libre, exposiciones caninas, eventos deportivos y hasta acampadas.
En otras palabras, el gobierno cubano intenta convertir uno de sus espacios patrimoniales más simbólicos en una especie de gran centro de entretenimiento capaz de generar ingresos rápidos en medio del colapso financiero nacional.
La ironía no pasa desapercibida para muchos cubanos. Durante años, el Estado limitó, vigiló y frenó el crecimiento del sector privado, imponiendo regulaciones absurdas y largas listas de actividades prohibidas. Ahora, con la economía desplomada y el turismo golpeado, terminan pidiendo ayuda precisamente a esos emprendedores que antes miraban con sospecha.
La convocatoria utiliza además el famoso concepto oficialista de “encadenamiento productivo”, una de las frases favoritas del discurso económico del régimen cuando intenta maquillar aperturas obligadas por la crisis.
El complejo Morro-Cabaña tiene un enorme peso histórico y turístico. Incluye el Castillo de los Tres Reyes del Morro y el Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, construcciones coloniales declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978.
Pero detrás del romanticismo patrimonial hay una realidad evidente: el Estado necesita dinero urgentemente.
La propia crisis energética obligó meses atrás a cancelar o posponer actividades dentro del recinto debido a los apagones y la falta de recursos. Y apenas la semana pasada ya se habían realizado allí presentaciones de cadenas turísticas estatales como Gaviota e Iberostar, señal de que existe un plan más amplio para intentar reactivar económicamente la zona.
Lo curioso es que esta apertura ocurre mientras miles de pequeños negocios privados siguen chocando diariamente con impuestos abusivos, falta de insumos, inflación salvaje y controles estatales.
O sea, el régimen necesita desesperadamente al sector privado… pero sin dejar de controlarlo.
La frase final de la convocatoria resume perfectamente el cambio de narrativa que hoy intenta vender el gobierno cubano: “Que los cañones callen para que suene la música”.

