Régimen presume de haber recogido más de 6 millones de firmas entre la población en apoyo a la Revolución ¿Y las pruebas?

El régimen cubano volvió a sacar su libreto de siempre y anunció con bombo y platillo haber reunido más de 6,2 millones de firmas en la campaña “Mi Firma por la Patria”. Una cifra que, según la propaganda oficial, demuestra un respaldo masivo al sistema. Pero en la calle, la historia suena muy diferente.

La entrega simbólica de esas firmas a Díaz-Canel durante el acto del Primero de Mayo en la Tribuna Antiimperialista fue presentada como un momento “histórico”. Sin embargo, el cambio de escenario —fuera de la Plaza de la Revolución— ya dice bastante: ni logística, ni energía… ni entusiasmo real.

La campaña, lanzada en abril por el Partido Comunista, fue vendida como “espontánea”. Pero vamos a hablar claro: espontáneo en Cuba es casi un chiste. Testimonios desde la isla apuntan a una realidad mucho más cruda: presión directa en centros laborales, escuelas y barrios.

En buen cubano: “firma o atente a las consecuencias”. Trabajadores obligados a cumplir cuotas, amenazas de despido y vigilancia desde estructuras como los CDR. Todo eso mientras el régimen repite el cuento de la “participación voluntaria”.

Algunos sí se plantaron. Casos que se hicieron virales muestran a cubanos diciendo “mi dignidad no se firma”, dejando en evidencia lo que muchos piensan, pero pocos se atreven a decir en voz alta.

Y aquí viene lo más interesante: esta película ya la vimos. En 2002, el régimen montó una operación similar con millones de firmas para blindar el socialismo en la Constitución, en respuesta al Proyecto Varela. Mismo guion, distinto año.

Mientras tanto, la realidad del país no se puede tapar con papel y firmas. Cuba atraviesa uno de los peores momentos económicos en décadas: apagones de hasta 24 horas, termoeléctricas colapsadas y un sistema que no da más.

Pero en lugar de soluciones, el poder apuesta por espectáculo político. Más consignas, más actos, más cifras infladas. Más control… y menos libertad.

El mensaje es claro: el régimen necesita demostrar fuerza, aunque sea a base de presión. Porque cuando un sistema tiene que obligar a su gente a firmar…