La realidad energética en Cuba ya no se puede maquillar ni con discursos. El propio ministro de Energía y Minas soltó la bomba: la isla necesita ocho barcos de combustible al mes… y en casi cinco meses solo ha llegado uno.
Sí, uno. Y con eso pretenden sostener una economía que hace rato está en terapia intensiva.
Según explicó Vicente de la O Levy en televisión nacional, el país depende de un volumen brutal de recursos: millones de toneladas de combustible entre gasolina, diésel, gas y crudo. Pero la cuenta no da. Ni cerca.
El desastre empezó a tomar forma a inicios de diciembre de 2025, cuando fue incautado un petrolero cargado con combustible rumbo a la isla. Desde ese momento, el flujo prácticamente se secó. El último barco entró el 8 de diciembre… y después, silencio total.
A partir de ahí, lo que vino fue lo que todo cubano ya conoce demasiado bien: apagones, incertidumbre y un país funcionando a media máquina.
El golpe se agravó con nuevas sanciones internacionales que terminaron de asfixiar el suministro. Países que antes enviaban combustible comenzaron a retirarse por miedo a represalias económicas. El resultado: Cuba quedó prácticamente aislada en materia energética.
Y cuando por fin llegó un respiro, fue mínimo. Un cargamento ruso aterrizó a finales de marzo, permitiendo encender parcialmente la maquinaria eléctrica. Pero ojo, eso no resuelve nada.
El propio ministro lo reconoció sin rodeos: ese petróleo apenas alcanza para unos días. Mientras tanto, la demanda sigue siendo el doble de lo que realmente se puede distribuir.
En otras palabras, el país sigue funcionando con un déficit brutal, improvisando sobre la marcha y dejando a millones de cubanos a oscuras.
Lo más preocupante no es solo la escasez, sino lo evidente: no hay un plan real para salir del hueco.
Porque cuando un país necesita ocho barcos y recibe uno… eso no es una crisis pasajera.
Eso es un colapso.

