Sandro Castro dice que seguirá ayudando «por la Cuba de todos»

Sandro Castro, nieto del dictador Fidel Castro, volvió a encender las redes este martes tras agradecer el apoyo recibido a su campaña de reparto de alimentos en La Habana. Con una historia en Instagram, dejó claro que piensa seguir con la iniciativa, soltando un mensaje que sonó bonito, pero que muchos miran con lupa: “Gracias a todos los que quieran ayudar de verdad… me hace feliz esta actitud por la Cuba de todos”.

En la imagen, Sandro aparece relajado, con lentes oscuros y camiseta negra, proyectando una cercanía que contrasta bastante con la realidad que vive el cubano de a pie. Y ahí es donde empieza el ruido.

Desde hace días, el joven ha estado publicando videos entregando comida en barrios deteriorados de la capital. Cajitas de arroz con vegetales, en envases desechables, repartidas a personas en situación de calle, ancianos y hasta niños. Un gesto que, en cualquier otro contexto, sería aplaudido sin discusión, pero que en Cuba viene cargado de matices.

La campaña arrancó el 20 de abril y, apenas dos días después, ya hablaba de expandirla con el apoyo de influencers, emprendedores y ciudadanos. Todo bajo una frase que intenta unir: “Para mi Cuba y la Cuba de todos nosotros”. Suena bien… pero la realidad pesa más.

Y es que esto ocurre en medio de una crisis brutal. Apagones de hasta 24 horas, comida desaparecida, transporte colapsado y pensiones que no alcanzan ni para sobrevivir. Más del 80% de los cubanos ya siente que esto está peor que el Período Especial, y eso no es poca cosa.

En ese escenario, la figura de Sandro divide opiniones. Algunos ven su acción como un alivio, una ayuda real en medio del desastre. Otros no se comen el cuento tan fácil y apuntan directo a la contradicción: ¿cómo alguien que forma parte de la élite del sistema ahora aparece como salvador del mismo pueblo que ese sistema ha hundido?

La polémica crece cuando se recuerda que Sandro es dueño del bar EFE, en pleno Vedado, donde el consumo mínimo por mesa supera los 15,000 pesos cubanos. Eso es más de dos salarios promedio en la isla. Mientras unos hacen colas para un pedazo de pan, otros brindan con lujo… y después reparten comida.