Mientras el mundo anda hablando de inteligencia artificial y carros que se manejan solos, en Holguín la realidad es otra película, socio. Allí, un joven llamado Leo decidió no esperar por soluciones que nunca llegan y se inventó su propio “futuro”: un vehículo artesanal al que ya todo el mundo conoce como “La Perrona”.
Se trata de un triciclo motorizado con cabina cerrada, armado con metal soldado y pura inventiva criolla. No es bonito al estilo Tesla, pero resuelve… y en Cuba eso vale oro. La máquina se volvió viral en redes después de que la página Soy Holguín la mostrara, y enseguida la gente la bautizó como la “cybertruck cubana”.
“La Perrona” no está de exhibición, está fajada en la calle. Funciona como transporte colectivo entre el hospital Lenin y San Andrés, una ruta donde moverse es casi misión imposible. Leo la construyó con su dinero, su esfuerzo y, sobre todo, por necesidad, en un país donde el transporte público prácticamente no da la talla.
Los comentarios en redes no se hicieron esperar. Algunos la ven como una joya del ingenio cubano, un ejemplo de cómo la gente se busca la vida sin esperar nada del sistema. Otros, más duros, dicen lo que muchos piensan bajito: que esto no es progreso, es supervivencia.
Y es que el contraste es fuerte. Mientras en otros países hablan de autos eléctricos de lujo, en Cuba la realidad es que la gente inventa vehículos para poder moverse porque el sistema colapsó. No es romanticismo, es necesidad pura.
Quienes se han montado en “La Perrona” aseguran que el invento camina duro. Algunos dicen que cubre el trayecto en tiempo récord, incluso con carreteras en mal estado. Pero también advierten que no es para cualquiera: manejar eso requiere mano firme y nervios de acero.
Más allá de lo curioso, esta historia pone el dedo en la llaga. El transporte en Cuba está en crisis total, con cifras que hablan solas: la producción de ómnibus prácticamente desapareció y el servicio estatal apenas cubre una parte de la demanda.
Entonces la pregunta cae por su peso: ¿esto es creatividad o es desesperación?
Porque sí, el cubano inventa, resuelve y no se rinde. Pero cuando un país depende de “inventos” para cubrir necesidades básicas, lo que hay detrás no es avance… es el reflejo claro de un sistema que hace rato dejó de funcionar.

