La crisis cubana ya llegó a un punto donde hasta cocinar se ha convertido en un lujo. Esta vez, el caos explotó alrededor del gas licuado después de que Supermarket23 anunciara que tuvo que reorganizar su logística tras quedarse prácticamente sin inventario por la enorme demanda registrada en los últimos días.
La plataforma, que vende productos para Cuba con pagos desde el exterior, colocó un mensaje en la portada principal de su sitio web intentando calmar a los usuarios desesperados por conseguir una balita de gas.
“Debido a la alta demanda, estamos reorganizando la logística para restablecer el servicio lo antes posible”, indicó el aviso publicado por la empresa.
El comunicado también aseguró que existe “suficiente disponibilidad” y que trabajan para garantizar estabilidad en las entregas. Pero en redes sociales, muchísimos cubanos no se tragaron el cuento tan fácil.
La polémica explotó luego de que las balitas de gas desaparecieran del sitio apenas horas después de salir a la venta el jueves pasado a 29 dólares por cilindro de 10 kilogramos.
Y claro, en la Cuba actual cualquier producto básico que aparece dura menos que un cake en cumpleaños de escuela.
Las reacciones no tardaron. Algunos usuarios comenzaron a sospechar de una retirada política del producto, mientras otros apuntaron directamente al acaparamiento y la reventa.
“¿Las vendieron todas o mandaron a quitarlas?”, preguntó una persona en Facebook. Otro comentario resumía el sentir popular: “Ahora búscalas en la calle… los revendedores se quedaron con todo.”
Y no era exageración.
En el mercado informal, las mismas balitas comenzaron a aparecer por hasta 45 mil pesos cubanos, una cifra completamente absurda para el trabajador promedio dentro de la Isla.
Para ponerlo claro: el precio oficial de 29 dólares equivale aproximadamente a más de 15 mil pesos al cambio informal. Pero la desesperación y la escasez dispararon todavía más los precios en la reventa clandestina.
La plataforma Katapulk también comercializó cilindros de gas bajo condiciones similares, aunque exigía entregar un cilindro vacío en buen estado para completar la compra.
Todo esto deja en evidencia cómo el acceso a servicios esenciales en Cuba depende cada vez más de plataformas dolarizadas, remesas familiares y negocios privados autorizados a operar bajo excepciones especiales.
El gas que venden estas empresas privadas llega desde Estados Unidos mediante importaciones gestionadas por mipymes cubanas, algo que hace apenas unos años habría sido presentado por la propaganda oficial como “penetración imperialista”.
Pero ahora el mismo régimen que destruyó la infraestructura energética y de abastecimiento del país depende silenciosamente del dólar y de importaciones privadas para evitar un colapso todavía peor.
La situación del gas licuado en Cuba lleva meses convertida en una pesadilla nacional.
Más de la mitad de los clientes del sistema estatal no pudo comprar gas durante las distribuciones de abril. Y en varias provincias, miles de familias llevan meses cocinando con carbón, leña o inventando como pueden para sobrevivir.
El desastre viene acumulándose desde hace tiempo. A inicios de año, el tanquero Emilia regresó vacío desde Jamaica porque el Estado cubano no tenía dinero para pagar la carga. Antes de eso, otro buque permaneció anclado durante meses sin descargar combustible por exactamente el mismo problema: falta de pago.
Mientras tanto, más de cien mil hogares en Matanzas siguen enfrentando problemas graves de suministro desde finales de 2024.
La realidad es brutal: en Cuba ya no basta con trabajar para vivir. Ahora incluso cocinar depende de tener familia afuera que mande dólares.
Y ahí es donde se abre otra fractura enorme dentro de la sociedad cubana: quienes reciben remesas logran resolver algunas necesidades básicas, mientras millones de jubilados, trabajadores estatales y familias humildes quedan completamente fuera del sistema dolarizado que el propio régimen ha ido imponiendo poco a poco.
Por ahora, Supermarket23 promete que las ventas regresarán “lo antes posible”, aunque sin dar fecha concreta.

