La termoeléctrica Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada el mayor bloque unitario del sistema eléctrico cubano, sigue funcionando prácticamente al borde del colapso después de más de 15 años sin recibir un mantenimiento capital completo.
La situación es tan crítica que el propio director de la planta, Román Pérez Castañeda, reconoció públicamente que la instalación necesita una parada urgente de al menos 180 días para poder someterse a una reparación profunda. Pero el problema, según admitió, es que el país simplemente no puede darse ese lujo porque el sistema eléctrico nacional está demasiado deteriorado.
“La situación del país todavía no lo permite”, confesó el directivo, dejando claro el nivel de desesperación con el que opera hoy la infraestructura energética cubana.
El último mantenimiento capital que recibió la planta ocurrió en 2010. Desde entonces, la Guiteras ha sobrevivido entre averías constantes, reparaciones improvisadas y promesas incumplidas del régimen, que lleva años posponiendo una solución real mientras el pueblo paga las consecuencias con apagones interminables.
El gobierno había prometido realizar ese mantenimiento a finales de 2025, pero el ministro de Energía, Vicente de la O Levy, terminó aplazándolo alegando un supuesto “problema coyuntural”. Meses después, tras nuevas averías, volvieron a repetir la promesa… aunque sin fecha concreta, como ya es costumbre dentro del discurso oficial.
Mientras tanto, los trabajadores intentan mantener viva la planta mediante paradas cortas y reparaciones de emergencia. La más reciente duró alrededor de 90 horas y estuvo enfocada en reparar componentes dañados dentro del sistema de recalentamiento de la caldera.
Pero detrás de esas “reparaciones” hay condiciones laborales brutales que reflejan también el deterioro humano del sistema. Obreros trabajando jornadas de hasta 14 horas seguidas, soldando dentro de calderas con temperaturas infernales cercanas a los 60 grados y a más de 150 metros de altura.
Uno de esos trabajadores, con casi cuatro décadas de experiencia en la planta, reconoció que el calor dentro de la caldera es prácticamente insoportable y que ese tipo de trabajo termina pasándole factura al cuerpo tarde o temprano.
Después de esa última parada, la Guiteras logró reincorporarse parcialmente al Sistema Eléctrico Nacional, generando entre 200 y 210 megawatts, muy lejos de los 270 MW que podría producir bajo condiciones normales.
Y aun así, esa recuperación apenas sirvió como alivio temporal. La planta acumuló su octava salida del sistema eléctrico nacional en lo que va de 2026, reflejando el desgaste extremo de una infraestructura que lleva años funcionando más por resistencia que por estabilidad real.
Castañeda también aprovechó para señalar las dificultades que enfrenta Cuba para conseguir piezas de repuesto y asistencia técnica internacional, responsabilizando a las sanciones estadounidenses de complicar todavía más la situación energética del país.
Sin embargo, para muchísimos cubanos el problema no empezó con las sanciones. El deterioro de la Guiteras es también el resultado de décadas de abandono, falta de inversión, corrupción y una administración incapaz de modernizar un sistema eléctrico que hoy literalmente se cae a pedazos.
El impacto ya es devastador. Cuba registró recientemente más de 2.100 MW de afectación eléctrica, el peor nivel del año. La generación disponible quedó muy por debajo de la demanda nacional, provocando apagones de hasta 20 horas en varias provincias y dejando a millones de personas atrapadas entre calor, oscuridad y desesperación.
La Guiteras, inaugurada en 1988, acumula ya casi cuatro décadas de explotación continua. Según estándares internacionales, una instalación de este tipo debería recibir mantenimientos profundos cada siete u ocho años. En Cuba, pasaron más de quince… y todavía siguen estirando una maquinaria agotada porque detenerla completamente podría significar el colapso total del sistema eléctrico nacional.

