El presidente de Donald Trump volvió a poner el tema cubano sobre la mesa este martes con un mensaje que ha sacudido tanto a Washington como a La Habana. Justo antes de arrancar su viaje oficial hacia China, Trump aseguró que Cuba “está pidiendo ayuda” y dejó claro que su administración mantiene abiertas conversaciones relacionadas con la isla.
El mandatario publicó el mensaje en su red Truth Social con su estilo directo y sin filtro. Allí calificó a Cuba como “un país fracasado” que, según él, “solo va hacia abajo”, una frase que vuelve a reflejar la presión política que la Casa Blanca mantiene contra el régimen cubano.
La declaración llega en un momento caliente. Del 13 al 15 de mayo, Trump estará en Pekín en la primera visita de un presidente estadounidense a suelo chino en casi una década. Y aunque oficialmente el viaje gira alrededor de temas comerciales y geopolíticos, el asunto cubano parece haberse colado también en la agenda internacional.
Detrás de todo esto hay meses de conversaciones discretas entre Washington y La Habana encabezadas por el secretario de Estado Marco Rubio, quien ha asumido una línea mucho más dura contra el régimen. Ya desde marzo, Trump había dejado caer públicamente que Rubio mantenía contactos con funcionarios cubanos e incluso comentó, medio en broma y medio en serio, que quizás podía lograrse algún tipo de acuerdo.
Las tensiones aumentaron todavía más después de que una delegación estadounidense aterrizara en La Habana el pasado 10 de abril. Aquella visita, realizada en una aeronave oficial de Estados Unidos, marcó un hecho inédito desde 2016 y encendió las alarmas dentro y fuera de Cuba. Días después comenzaron a filtrarse detalles de las conversaciones, que incluían exigencias concretas de Washington.
Entre las principales condiciones estaban la liberación de presos políticos como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, además de señales reales de apertura política. Pero el régimen volvió a encerrarse en el mismo libreto de siempre: negación, arrogancia y cero concesiones.
El ultimátum entregado por Estados Unidos el 20 de abril expiró pocos días después sin resultados. Y desde el poder en La Habana, Miguel Díaz-Canel dejó clara la postura oficial al afirmar que los presos políticos “no están sobre la mesa” y que “la rendición no es una opción”.
Mientras tanto, la presión económica sigue subiendo de tono. El pasado 1 de mayo, Trump firmó una nueva orden ejecutiva que endurece todavía más las sanciones contra la dictadura cubana. Por primera vez, Washington incluyó sanciones secundarias contra bancos y entidades extranjeras que hagan negocios con empresas vinculadas al aparato represivo cubano. La medida forma parte de una campaña de máxima presión que ya acumula más de 240 sanciones desde enero de 2026.
En medio de ese panorama, el factor chino añade otra capa de tensión. Apenas días atrás, Pekín pidió públicamente a Estados Unidos que elimine las sanciones contra Cuba, mientras Washington observa con creciente preocupación cómo China y Russia siguen aumentando su influencia política y económica dentro de la isla.
Por eso, el mensaje de Trump antes de partir hacia Pekín no parece casualidad. Todo apunta a que el tema Cuba podría terminar apareciendo también en las conversaciones con Xi Jinping, especialmente en un contexto donde la isla se ha convertido otra vez en pieza de disputa geopolítica entre potencias.
Rubio, por su parte, ya había advertido hace unos días que “las cosas van a cambiar”, dejando claro que la administración republicana no tiene intención de aflojar la presión mientras el régimen continúe cerrando espacios políticos y reprimiendo la disidencia.
Por ahora, Trump no ha explicado qué tipo de conversaciones podrían darse ni cuándo ocurrirían. Lo único evidente es que el régimen cubano sigue atrapado entre el colapso económico, el aislamiento internacional y una presión cada vez más fuerte desde Washington. Y mientras La Habana intenta resistir, la realidad dentro de la isla sigue cayéndose a pedazos, socio.

