Donald Trump volvió a encender la tensión sobre Cuba con unas declaraciones explosivas donde aseguró que la isla está “completamente devastada” y afirmó que para él “sería un honor liberarla”.
Las palabras fueron pronunciadas durante una entrevista telefónica con Salem News Channel y rápidamente sacudieron tanto al exilio cubano como a la cúpula del régimen en La Habana.
Trump dejó claro que cualquier movimiento relacionado con Cuba dependería primero del desarrollo de las operaciones militares en Irán, pero aun así volvió a describir un escenario que ya había mencionado días antes en privado: colocar el portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas cubanas como mecanismo de presión directa contra el régimen.
“Quizá después de terminar con Irán se podría hacer algo”, comentó el mandatario, dejando caer la posibilidad de actuar posteriormente sobre la isla.
Y entonces vino la frase que disparó todas las alarmas.
Trump dijo que le gustaría posicionar el USS Abraham Lincoln “a unas pocas cientos de yardas de la costa” para observar cómo reaccionaría el régimen cubano.
La escena parece salida de una película geopolítica de alto voltaje, pero ocurre en medio de uno de los momentos más delicados que ha vivido Cuba en años recientes.
El presidente estadounidense justificó además su postura apelando al apoyo que asegura haber recibido de la comunidad cubana en Estados Unidos.
“Obtuve el 94% del voto cubano”, afirmó Trump.
Aunque la cifra no coincide con datos electorales verificados —las estimaciones más sólidas hablan de alrededor del 70% del voto cubanoamericano en Florida—, sí refleja el enorme respaldo que mantiene entre sectores del exilio profundamente enfrentados al castrismo.
Trump también comparó la situación cubana con la de Irán, afirmando que el sufrimiento de las familias cubanas ha sido ignorado durante demasiado tiempo.
Y mientras en Washington sube el tono político, dentro de Cuba la crisis sigue explotándole en la cara al régimen.
Desde enero de 2025, la administración estadounidense ha endurecido drásticamente la presión económica contra La Habana. Más de 240 sanciones se han acumulado sobre sectores estratégicos de la economía cubana, incluyendo energía, defensa, minería y finanzas.
Además, varios cargamentos petroleros destinados a la isla fueron interceptados en los últimos meses, golpeando aún más un sistema energético ya prácticamente destruido.
Las consecuencias están por todas partes.
Apagones de más de veinte horas.
Escasez brutal de combustible.
Comida echándose a perder.
Hospitales colapsados.
Y una población agotada que siente que el país entero funciona al borde del derrumbe.
Según reportes recientes, las importaciones energéticas cubanas habrían caído entre un 80% y un 90%, dejando enormes zonas del país prácticamente paralizadas.
Mientras tanto, el régimen intenta responder con la misma narrativa de confrontación que ha usado durante décadas.
Miguel Díaz-Canel aseguró que “ningún agresor encontrará rendición en Cuba”, mientras Bruno Rodríguez Parrilla calificó las declaraciones de Trump como una amenaza directa de agresión militar.
Pero más allá de la propaganda oficial, muchísimos cubanos dentro de la isla observan toda esta tensión desde otra realidad mucho más inmediata: la supervivencia diaria.
Porque mientras arriba hablan de guerras, portaaviones y resistencia revolucionaria, abajo la gente sigue haciendo colas eternas para conseguir comida, cocinando con carbón y sobreviviendo entre apagones interminables.
En Washington también hubo movimientos importantes en el plano político. El Senado estadounidense rechazó recientemente una resolución que buscaba limitar la capacidad de Trump para actuar militarmente contra Cuba sin aprobación previa del Congreso.
Eso deja a la administración con un margen bastante amplio de maniobra en caso de una escalada futura.
Por ahora, el USS Abraham Lincoln continúa desplegado en el Mar Arábigo como parte de operaciones vinculadas al conflicto con Irán. Analistas consideran que precisamente esa situación internacional podría estar frenando cualquier movimiento inmediato relacionado con Cuba.
Aun así, el mensaje político ya quedó clarísimo.
Trump volvió a colocar a Cuba en el centro del tablero.
Y el régimen, golpeado por la peor crisis económica y energética en décadas, enfrenta cada vez más presión mientras intenta sostener una narrativa de resistencia que a muchos cubanos ya les suena vacía.

