El turismo en Cuba está tocando fondo, y ya ni los hoteles lo pueden esconder. Ante una caída brutal en la llegada de visitantes, las cadenas que operan en la isla han tenido que lanzar descuentos históricos y servicios gratis para intentar llenar habitaciones… aunque sea a medias.
En destinos clave como Varadero y La Habana, la ocupación está por el piso. La respuesta ha sido clara: bajar precios sin miedo. Ofertas con recortes de hasta un 25% o más, tanto para reservas anticipadas como para quienes deciden viajar a última hora. Todo vale con tal de que no se queden los cuartos vacíos.
En los cayos, la cosa es aún más evidente. Paquetes “todo incluido” que antes eran impagables ahora salen mucho más baratos. Comida, bebida, actividades… todo rebajado. El objetivo no es ganar, es sobrevivir.
Y no se queda solo en el precio. Para tentar a los pocos turistas que quedan, los hoteles están tirando la casa por la ventana: traslados gratis, mejoras de habitación sin costo y hasta bonos de consumo dentro de las instalaciones. En La Habana, incluso mezclan estas ofertas con servicios adaptados para atraer a viajeros de negocios, tratando de rascar clientes donde sea.
Pero el problema es mucho más profundo. Las cifras no mienten. La ocupación hotelera cayó a niveles históricos, con menos visitantes que en décadas. Y en 2026, la cosa empeoró todavía más, con desplomes que rozan lo simbólico en algunos mercados clave.
Detrás de este desastre está la crisis energética. La falta de combustible ha provocado cancelaciones masivas de vuelos y la salida de aerolíneas importantes. Sin vuelos, no hay turistas… y sin turistas, no hay negocio.
El régimen, en su intento de maquillar la situación, optó por cerrar hoteles y concentrar a los visitantes en pocos lugares para ahorrar recursos. Una medida que dejó miles de trabajadores en la calle de un día para otro.
Hoy, la realidad es dura: hoteles abiertos a medias, instalaciones deterioradas y un país que no logra ofrecer condiciones mínimas. Apagones de horas, escasez de comida y servicios en caída libre hacen que la experiencia turística sea cada vez más complicada.
El resultado salta a la vista. Más del 60% del turismo se ha perdido en los últimos años, y la mayoría de las habitaciones siguen vacías.
Ni con rebajas, ni con regalos… el turismo en Cuba no levanta. Y mientras el sistema siga igual, la isla seguirá vendiéndose barato… pero sin compradores.

