Ulises Toirac desmonta la farsa del régimen que prefiere gastar los recursos en desfiles, firmas sin sentidos y propaganda comunista

El humorista cubano Ulises Toirac soltó este sábado una bomba en redes con un post que no dejó títere con cabeza. Bajo el título «La cosa está de odinga», el actor tiró con ironía fina pero bien cargada contra la lógica absurda del régimen: gastar recursos en desfiles, firmas y propaganda mientras el país se hunde entre apagones eternos y basura por todas partes.

La publicación llega justo después del Primero de Mayo, ese espectáculo que el poder intenta vender como “unidad”. Según cifras oficiales, medio millón de personas marcharon en La Habana, con Raúl Castro y Díaz-Canel al frente y hasta invitados internacionales para adornar el cuadro. Pero Toirac lo ve distinto: más teatro que realidad.

Con una mezcla de sarcasmo y hastío, el humorista compara la situación con un guion surrealista imposible de escribir ni juntando a grandes del absurdo. La crítica va directo al corazón del problema: la desconexión total entre lo que el régimen muestra y lo que el cubano vive a diario.

Mientras se organizan campañas como «Mi firma por la Patria», vendida como iniciativa popular pero claramente dirigida desde arriba, el país sigue en candela. Apagones de más de 20 horas, crisis energética brutal y un sistema eléctrico que ya ha colapsado varias veces. Todo eso mientras el discurso oficial insiste en culpar a factores externos y negar lo evidente.

Toirac también le mete mano a la famosa entrevista de Díaz-Canel, donde el mandatario negó presos políticos y descartó renunciar. Para el humorista, eso es parte del mismo libreto: mucho discurso, cero soluciones reales.

Pero no se queda solo ahí. También lanza una pulla al exilio, cuestionando la proliferación de proyectos políticos que aún no aterrizan en nada concreto. Aun así, deja claro su postura: no quiere ni intervención ni anexión, porque ser patriota es querer una Cuba libre y soberana, no cambiar un amo por otro.

La cosa se pone seria cuando recuerda lo que pasa en la calle. Protestas por apagones que terminan en arrestos, como en La Güinera, y un régimen que responde con más actos políticos, como si eso resolviera algo. El país sigue estancado, mientras la gente se cansa y se va.

El cierre de Toirac es puro veneno con elegancia: describe una Cuba donde el absurdo manda y donde parece que mirar para otro lado se ha vuelto deporte nacional. Una nación atrapada en un ciclo que ya no engaña a nadie, mientras la realidad le pasa por arriba sin pedir permiso.