En medio del peor colapso energético que ha vivido Cuba en años, el director de la CIA, John Ratcliffe, aterrizó este jueves en La Habana para sostener reuniones con figuras clave del aparato represivo cubano en una visita que ha provocado enorme revuelo tanto dentro como fuera de la Isla.
La información fue confirmada por funcionarios estadounidenses a medios como Axios y USA Today, aunque curiosamente fue el propio régimen quien terminó adelantándose para reconocer el encuentro, intentando presentarlo como parte de supuestos esfuerzos de diálogo ante el escenario crítico que atraviesa el país.
Ratcliffe sostuvo conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido dentro de la élite del poder como “El Cangrejo” o “Raulito”, nieto de Raúl Castro y figura vinculada directamente al aparato de inteligencia del MININT.
En la reunión también participaron el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, y altos responsables de los servicios de inteligencia cubanos.
Detrás de la visita hay un mensaje bastante claro de la administración de Donald Trump: Washington está dispuesto a discutir temas económicos y de seguridad con La Habana, pero únicamente si el régimen acepta cambios profundos y deja de funcionar como plataforma de gobiernos y actores enfrentados a Estados Unidos en el continente.
Según funcionarios estadounidenses, durante las conversaciones se discutieron asuntos relacionados con cooperación de inteligencia, estabilidad regional y la grave crisis económica cubana, todo bajo una advertencia directa: Cuba ya no puede seguir jugando el papel de refugio estratégico para adversarios de Washington.
Ratcliffe incluso habría utilizado como referencia lo ocurrido en Venezuela tras la operación del 3 de enero de 2026 que terminó debilitando drásticamente el control de Nicolás Maduro sobre las exportaciones petroleras venezolanas, una fuente vital para la supervivencia económica del castrismo durante años.
La visita ocurre además en un momento explosivo para la dictadura cubana. Apenas un día antes, el ministro de Energía, Vicente de la O Levy, reconoció públicamente que el país prácticamente se quedó sin combustible ni diésel, mientras millones de cubanos sobreviven entre apagones de hasta 20 y 22 horas diarias.
La noche previa a la llegada de Ratcliffe, varios barrios de La Habana vivieron fuertes protestas y cacerolazos debido a los cortes eléctricos extremos, una situación que ya está afectando alimentos, hospitales, negocios y la vida cotidiana de la población.
Y es que la crisis energética dejó de ser simplemente una molestia para convertirse en un detonante social cada vez más peligroso para el régimen.
Funcionarios cercanos a la administración Trump fueron todavía más duros al describir el panorama cubano. Según uno de ellos, el régimen enfrenta un escenario límite: sin combustible, sin dinero y prácticamente sin aliados capaces de rescatarlo económicamente.
Mientras tanto, detrás del telón público, las conversaciones entre Washington y sectores del poder cubano parecen llevar meses desarrollándose discretamente.
De acuerdo con la información revelada, Marco Rubio ya habría iniciado contactos secretos con “El Cangrejo” desde febrero de este año en San Cristóbal y Nieves, evitando incluso los canales tradicionales controlados por Miguel Díaz-Canel.
Posteriormente, una delegación del Departamento de Estado volvió a reunirse con representantes cubanos en La Habana el pasado 10 de abril.
Curiosamente, el mismo día de la visita de Ratcliffe, el régimen anunció la liberación de la presa política Sissi Abascal Zamora, integrante de las Damas de Blanco condenada tras las protestas del 11 de julio.
La activista viajó hacia Miami con visa humanitaria estadounidense, movimiento que muchos interpretan como un intento desesperado de La Habana por bajar la presión internacional y enviar señales de flexibilidad ante Washington.
A eso se suma otra revelación delicada: el régimen estaría evaluando una oferta de ayuda humanitaria de 100 millones de dólares presentada por el Departamento de Estado, aunque condicionada a reformas concretas y a que la distribución no quede en manos del aparato estatal, sino de organizaciones independientes y de la Iglesia Católica.
Sin embargo, desde Washington también dejaron una advertencia clara: la paciencia no será eterna.
Funcionarios de inteligencia señalaron que la ventana para alcanzar acuerdos no permanecerá abierta indefinidamente y que, si las conversaciones fracasan, la administración Trump buscará otras vías para imponer sus líneas rojas frente al régimen cubano.

