Esteban Ventura, ‘El Chacal de La Habana’ que siempre vestía de blanco para torturar

No son pocos los que aseguran que el oficial de policía más eficiente con el que contó Fulgencio Batista durante su último gobierno fue el teniente coronel Esteban Ventura Novo. Ventura, quien rara vez se dejaba ser luciendo el uniforme, llegó a convertir la Quinta Estación de la calle Belascoaín en La Habana en un centro de torturas y asesinatos que hacía temblar a sus enemigos de tan solo oírlo mentar.

Oriundo de Artemisa, entonces perteneciente a Pinar del Río, Ventura comenzó en el ejército como soldado de artillería, pasando luego a formar parte de la Guardia Rural en 1943 y en 1947 ya integraba las filas de la Policía Nacional, donde se desempeñó como vigilante en la Segunda Estación.

Durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás fue cuando consiguió que su carrera despuntara y logró ascender al cargo de segundo teniente y miembro del Buró de Investigaciones y la Policía Científica, aunque luego lo trasladaron a la motorizada.

Justamente durante su tiempo en este último puesto, es cuando ocurre el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 a manos de Batista.

Ventura Novo era conocido popularmente como “El hombre del traje blanco” por su devoción al saco y pantalón de dril 100 o muselina inglesa.

Ventura apoyó el golpe, y llegó a convertirse por ese entonces en uno de los oficiales de policía más “eficientes” a la hora de descubrir conspiraciones y apresar a enemigos del Gobierno, lo cual provocó que su escalafón fuese cuesta arriba y llegara de ser segundo teniente en 1952 a convertirse en teniente coronel en 1958.

Esteban Ventura llevó la tortura y el asesinato a niveles que nunca antes se habían visto en Cuba, al punto que muchos de sus enemigos preferían perder la vida antes que ir a parar a los calabozos en los que Ventura “operaba”. Esto le valió el nombre popular de “El Chacal de La Habana” y “El Sicario de traje blanco”, pues casi siempre se le veía vistiendo un traje impoluto de este color.

Se dice que rara vez se manchaba las manos con la sangre de los detenidos, pues tenía toda una banda de bien preparados subordinados, entre los que habían especialistas en golpizas, en sacar uñas y otros horrendos métodos de tortura. La de él era otra, se encargaba solo de ablandar psicológicamente al torturado o inducirlo a la traición.

La finca “El Rosario”, a 40 kilómetros de La Habana, es hoy un Hogar de Ancianos.

En la madrugada del 1ro de enero de enero abandonó Cuba en el mismo avión presidencial de Fulgencio Batista y se refugió en República Dominicana. Luego se trasladó a Estados Unidos, al que el gobierno de Cuba solicitó en vano su extradición por muchos años. Murió el 12 de mayo de 2001.

Según afirmó en sus memorias, vendidas a tres dólares en Estados Unidos, bajo el título “Verdades que nunca se han dicho”, él obligo a Fulgencio Batista a que se lo llevara con él a punta de pistola; pero otros testimonios aseguran que fue el mismo general quien mandó a un guardaespaldas para que le avisara de la fuga y se lo llevó con él.

Sea como sea que haya ocurrido ese episodio, lo cierto es que Ventura no se enteró de la huida hasta muy poco antes, por lo que solo se pudo llevar lo que tenía puesto y tuvo que dejar en Cuba su patrimonio y su familia.

Atrás dejó al marcharse de Cuba una caja de seguridad con $977, 979.00 pesos; una cuenta en el Banco Continental Cubano por $29,000 dólares, a nombre de Serafina Freyre, esposa de Ventura Novo; otra cuenta en el Trust Company of Cuba, de la calle Línea por $47,182.55 pesos y la finca El Rosario, situada en la carretera que une a San Antonio de los Baños con la Salud, en La Habana.


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