Las casas comisionistas cubanas, un invento fastidioso y lleno de dilaciones y traquimañas.

Las casas comisionistas cubanas son una especie de copia de las antiguas casas de empeño, aunque para algunos no pasan de ser una chapucera reproducción de estas. Por ello, algunos comenzaron a llamarlas “casas de empeño socialistas.

La de corte marxista, que es la que existe en la mayor de las Antillas, constituye un traspaso al panorama criollo de la que antiguamente existía en la ya extinta Unión Soviética.

Estos establecimientos comenzaron a florecer en la Isla a mediados de los años 70, cuando el ya fallecido ex gobernante Fidel Castro comenzó a adoptar algunas experiencias del Imperio.

Tantos las casas de empeño de antaño, como las actuales comisionistas, reportan un beneficio económico al brindar la posibilidad que se reutilicen diversos tipos de objetos. Es una especie de rescate de un bien, que aún posee vida útil, en el cual la sociedad invirtió trabajo y recursos.

Pese a lo antes mencionado, los mecanismos o modos de operar de estas casas comisionistas hacen que su funcionamiento no sea el más óptimo, y que todo el efecto beneficioso que pudieran tener en la sociedad no llegue a tener lugar.

La ayuda directa e inmediata no es el fin de estas casas, contrario a lo que sucedía con las casas de empeño. Aquí yace la principal diferencia entre ambas. Por ejemplo, si cuenta con un juego de muebles antiguo y el dinero urge, la casa comisionista no logra resolver el problema. Incluso si se ofrece el propio bien a modo de garantía.

En caso que se desee beneficiarse de este mecanismo es necesario someterse a un largo y tedioso sistema que resulta bastante incómodo.

En caso que la casa comisionista se interese por el objeto en cuestión que desea venderse, entonces se le fija un precio de mutuo acuerdo. En tal caso, la figura del vendedor desaparece y es asumida por el comisionista que en este caso actúa a nombre del estado.

De esta manera, el gobierno pasa a ser un intermediario entre el interesado y el futuro cliente, lo cual para muchos es considerada como una de las tantas hipocresías del estado totalitarios, ya que ejerce una función que el ciudadano no puede ejercer legalmente por sí mismo.

En caso que el objeto llegue a venderse, quien lo llevó a la casa comisionista recibe el 80% del monto. Sin embargo, el dinero no lo recibirá de inmediato, sino que tendrá que esperar (no menos de 15 días) para poder cobrar el cheque correspondiente.

En caso que no se recoja el dinero luego que transcurran 60 días se pierde el derecho a reclamarlo, aunque esto sucede muy poco ya que no ha nacido el cubano que deje que su dinero se le escape de las manos a menos que pase a mejor vida antes.

Aún con todas sus limitaciones, las casas comisionistas tienen su utilidad, y ocasionalmente pueden resolver problemas al que desea hacerse con uno de los variados y antiguos objetos que se venden en estos sitios.

Quizás, si no aportan más, es debido a la mano totalitaria que las controla, la misma que deja inútil a la mayoría de las cosas que alcanza a manipular.


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