Joe Biden, el cambio de tono y la política hacia Cuba

Cuando el ex presidente cubano Raúl Castro alivió las restricciones a la actividad religiosa en 2010, un párroco quiso hacer una procesión en las calles como antes de la Revolución. El sacerdote se reunió con el jefe del Partido Comunista local para pedirle permiso, argumentando que muchos cubanos eran creyentes y agradecerían el evento. El funcionario rechazó la idea y dijo que, por lo que observó, pueden ser creyentes, pero ciertamente no están practicando. El sacerdote reconoció el punto y lo contrastó con el Partido Comunista cuyos miembros practican pero ninguno es creyente.

Cuba todavía está gobernada por veteranos de la Revolución que hoy son hombres en su mayoría con más de 60 años. Los posibles sucesores ya han perdido la fe en el Partido Comunista, pero temen el desmantelamiento del sistema.

Si bien el sistema del Partido Comunista fracasó como modelo económico, es altamente eficiente como sistema político. Esta realidad es que no importa cuán severas sean las dificultades, el Partido Comunista ha podido permanecer en el poder recompensando la lealtad y castigando la disidencia.

Desde principios de la década de 1960, la política exterior estadounidense hacia Cuba ha consistido en infligir grandes costos económicos que podrían obligar al Partido Comunista a rendirse o motivar al pueblo a levantarse y derrocarlo. Incluso después del colapso de la Unión Soviética, la implosión de Venezuela, más sanciones y la pandemia, los líderes de la Revolución prevalecen.

El crecimiento económico en Cuba se aceleró luego de que el presidente Obama normalizara las relaciones con el país en 2014. Los líderes del Partido Comunista comenzaron a tener dudas sobre el sistema a medida que los ciudadanos se volvieron menos dependientes del gobierno, crearon riqueza y rechazaron las restricciones.

Todos los factores combinados con una pérdida de fe en el sistema representaron una amenaza existencial para el Partido Comunista. Redobló la ortodoxia, revocó las reformas y aumentó la represión política, lo que coincidió con la revocación de la flexibilización de las sanciones bajo el presidente Trump.

No es probable que se desmantele el antiguo sistema a menos que los nuevos líderes adopten el cambio. Para la Unión Soviética, no fue la presión de Estados Unidos lo que la puso fin, sino la decisión de los líderes del Partido Comunista de ceder cuando la siguiente generación asumiera el poder.

Joe Biden deberá enviar las señales a Cuba de que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con aquellos que no tienen un pasado oscuro en sus manos. Después del colapso de los viejos regímenes de Europa del Este, esos líderes democráticos asumieron el poder con la mínima interrupción de quienes enfrentaron la derrota.

Muchos en la comunidad cubanoamericana respaldaron las medidas económicas más estrictas de la administración Trump, pero también fueron la fuerza impulsora detrás de miles de pequeñas empresas creadas entre 2014 y 2016 que proporcionaron habilidades y capital financiero en la Isla. Romper las cadenas de las pequeñas empresas es la clave para mejorar la situación económica de los ciudadanos y provocar la transición de Cuba a una nación occidental moderna.

Biden puede verse tentado a regresar a la política exterior desde su mandato como vicepresidente en la era de Barack Obama, pero cualquier alivio para Cuba debe estar ligado a una actividad económica abierta para los ciudadanos, tolerancia a la disidencia política y ninguna restricción al acceso a la información. El primer paso hacia esto debe ser restaurar la presencia consular estadounidense en Cuba después de obtener garantías de que los diplomáticos no serán objeto de daño físico ni acoso.


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