¿Puede Biden terminar lo que Obama comenzó con Cuba?

Redacción

Servicio de Inteligencia de Estados Unidos

“Hoy, Estados Unidos elige deshacerse de las cadenas del pasado para alcanzar un futuro mejor: para el pueblo cubano, para el pueblo estadounidense, para todo nuestro hemisferio y para el mundo”, anunció el presidente Barack Obama el 17 de diciembre de 2014, inaugurando una nueva era de “compromiso positivo” en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Durante dos breves años, el nuevo e histórico enfoque de Obama mostró una notable promesa: Washington y La Habana restablecieron relaciones diplomáticas plenas; Obama restableció el servicio aéreo comercial y las visitas de cruceros a la isla; cientos de miles de ciudadanos estadounidenses ejercieron su derecho constitucional a viajar, proporcionando un estímulo económico directo al sector privado en expansión de Cuba; funcionarios estadounidenses y cubanos establecieron comisiones bilaterales para promover intereses mutuos en áreas críticas para ambos países, entre ellas la lucha contra las drogas, la protección ambiental, los derechos humanos y la migración.

Y Obama se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en realizar una visita oficial de estado a la isla en un esfuerzo por dejar atrás el bagaje geopolítico del pasado. Más de seis décadas de perpetua hostilidad finalmente parecían haber terminado.

Después de una fase inicial de reajuste de la política de Obama, en su segundo año la administración Joe Biden podría emprender una serie de iniciativas para profundizar y consolidar los lazos comerciales, culturales y políticos. Estados Unidos aumentaría la colaboración con Cuba en cuestiones de salud internacional como la preparación para una pandemia, así como en la protección del medio ambiente, los intercambios artísticos y científicos y el compromiso económico.

Washington estaría entonces en una mejor posición para involucrar a los cubanos en el importante, aunque polémico, tema de los derechos humanos. Estos pasos irían más allá de lo que la administración Obama pudo lograr, para mantener el proceso de normalización de las relaciones en marcha.

El éxito de estas iniciativas pondría a Joe Biden en una posición histórica para presionar por una legislación que ponga fin al embargo económico por completo. Pero eso requerirá encontrar los votos en el Congreso para derogar secciones clave de tres leyes: la Ley de Asistencia Extranjera de 1961, que proporcionó la autorización original para el embargo; la Ley de Democracia Cubana de 1992; y la Ley Helms-Burton de 1996, que codificó el embargo en ley. Eliminar las cláusulas relacionadas con el embargo de estas leyes permitiría a Biden levantar el embargo de una vez por todas y, como Obama, romper las cadenas del pasado.

Por supuesto, existen formidables fuerzas políticas en contra de poner fin al embargo y grandes obstáculos para volver a normalizar las relaciones con Cuba. Entre ellos se encuentran el misterio no resuelto de las enfermedades médicas sufridas por el personal estadounidense en La Habana y la profundización de la crisis en Venezuela.

El compromiso logró más en dos años que la política de hostilidad lograda en sesenta”, promoviendo los intereses concretos de Estados Unidos y los intereses del pueblo cubano. Además, supuso un cambio histórico para la política exterior de Estados Unidos.

“La apertura de Obama a Cuba fue tan histórica como la apertura de Nixon a China”, afirma el profesor de la American University William LeoGrande.

A pesar del esfuerzo de Trump por borrar ese logro, Biden ahora tiene la oportunidad de terminar lo que Obama comenzó.