lunes, octubre 25, 2021
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Mantener un negocio privado en Cuba en medio de la pandemia se ha convertido en una locura

Para el año 2016 con la política de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba y la visita del presidente Barack Obama se respiraba en la isla un ambiente de ilusión con respecto a la economía doméstica. Fenómeno que se manifestaba sobre todo entre los emprendedores privados del país y personas que en medio de tal situación avizoraban un escenario idóneo para lanzarse a la aventura de fundar sus propios negocios.

Al acercarse a cuentapropistas de la capital en la actualidad que tenían e iniciaron por aquel entonces sus negocios, son muchas las historias que sacan del devenir de aquellos tiempos hacia día de hoy en el panorama del sector no estatal. Algunos cuentan como en aquella etapa en La Habana se habrían negocios privados en grandes cantidades, donde la mayoría del capital provenía de Miami y hasta de personas que aprovechaban la situación para invertir en negocios en la isla y “lavar” así su dinero. De esta manera muchos se lanzaron al camino y decidieron invertir los ahorros familiares de toda una vida abriendo uno y hasta varios emprendimientos de diversos tipos.

Estas personas relatan cómo al inicio todo marchó de manera satisfactoria, pese a las diferentes zancadillas que el gobierno ponía a los privados en forma de inspecciones y controles estatales y aumento de impuestos. En el año 2018 con la toma de poder de Miguel Díaz-Canel y bajo el pretexto de enriquecimiento ilícito y violaciones de leyes por parte de los particulares aumentan los operativos policiales contra este sector.

Para 2019 empieza a sentirse en las tiendas en divisas la escasez de alimentos y materias primas. Situación que afectó sobre todo a los negocios gastronómicos, los cuales comenzaron a percibir pérdidas; declarando que dos años atrás la situación con respecto a las ventas era bastante favorable llegando a vender una amplia variedad de productos como jugos, dulces y sándwiches, lo que les permitía tener una facturación diaria que oscilaba sobre los 20 mil pesos, y ya para la entrada del verano del 2019 sus ofertas se quedaban por debajo de la mitad. En tal situación la compra mayorista se hacía altamente complicada. En las tiendas y mercados del Estado comienzan a racionarse las ventas, en el caso del pollo solo se permitía comprar hasta diez libras, lo cual era fatal para muchos que, para el normal funcionamiento de su negocio, durante al menos cinco días, necesitaban cerca de dos o tres cajas de pollos.

Funcionarios de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), institución encargada de fiscalizar a los cuentapropistas en el país, admiten que en el año presente solo quedan activos 300 mil trabajadores, de más de 600 mil que hubo en el 2019. Donde la generalidad funciona el área del transporte, sector que a diferencia de otros como la gastronomía, la hostelería y la peluquería y belleza el azote de la pandemia no afectó tanto.

Muchos de estos sujetos narran como ya desde el anuncio por parte de Díaz-Canel de la denominada “situación coyuntural” se presagiaba entre ellos un retorno a la oscura etapa de crisis vivida en los años 90.

Apareciendo la llegada del COVID-19 como colofón que obligó a no pocos a entregar sus licencias pues se hacía insostenible la rentabilidad de los negocios, no alcanzando el dinero en muchos casos ni para pagar los impuestos.

Así los pocos que han sobrevivido se ven obligados a lidiar con una crisis de abastecimiento acentuada que se traduce en mayores costos en el acceso a insumos y materias primas y por tanto en una subida de precios y bajón de calidad en los productos. Siendo esta una situación donde para la mayoría, los beneficios de sus emprendimientos les da malamente para garantizar un plato de comida en la mesa. Lo que hace pensar a varios que en medio del actual contexto el tema de las MIPYMES es algo “de locos”.

Echando una mirada a los académicos, se aprecian especialistas de la ciencia económica que manifiestan que el advenimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas es una medida de importancia, pero que se decide de manera tardía y se implementa de manera incorrecta. El contexto idóneo para la llegada de estos agentes parecía ser hace cinco años, con la política de deshielo de la administración Obama que parecía encumbrarse a potenciar el sector privado. Pero los decisores del país decidieron que por aquel entonces no era el momento, privilegiando los negocios foráneos con empresas del Estado de baja eficiencia.

Los economistas argumentan que en plena pandemia que va de la mano con una profunda crisis económica, los cuentapropistas y su reserva de capital se encuentran por los suelos, sin un banco además que les proporcione préstamos, lo que no brinda una luz que indique de dónde estos sacarían el dinero. Ante tal interrogante la respuesta del gobierno parece estar en el exilio, respuesta que al criterio de los expertos es claramente incorrecta.

Alegando que en plena situación donde se polarizan cada vez más las relaciones del régimen con grupos de la emigración y el descontento de muchos de estos debido a la ineficiencia del Estado, unido a una pésima reputación en materia de cumplimiento de acuerdos, además de un limitado y prácticamente nulo marco jurídico favorable a las inversiones y la falta de libertades se presagian casi ningún o ningún interés por parte de los cubanos radicados en el exterior para invertir dinero o apoyar monetariamente a sus familiares o amigos a la hora de abrir una MIPYME.

Consideran por tanto que para que existan una estimulación por parte de las diásporas de cubanos, la ley sobre las MIPYMES a de tomar otro rumbo. Además de la necesidad de transformar el ambiente político, mediante un diálogo o negociación sobre las limitaciones que existen. Por ejemplo, los altos costos para la revalidación del pasaporte y los elevados precios que le imponen para la compra de alimentos a sus familiares o amigos en Cuba.

Factores estos que hacen sentir a los cubanos que viven fuera de la isla como si los chuparan económicamente. Manifestando también la necesidad de aumentar el compromiso del gobierno para con los cubanos del exilio con el fin de insertarlos en las instituciones políticas, empresariales o administrativas del país y no solamente usarlos para sacarles el dinero.

Volviendo a los cuentapropistas, a día de hoy, nueve de cada 10 emprendedores privados coinciden con los economistas en que la ley sobre las MIPYMES es poco atractiva para los inversionistas, y que además mantiene el viejo hábito del régimen de poner cotos al desarrollo y prosperidad de los negocios particulares.

En esta muestra de emprendedores algunos confluyen en la idea de que a los privados en Cuba se le cortan las alas antes de echar a volar. Argumentando esto primeramente a partir de los lineamientos del Partido Comunista de Cuba, donde se prohíbe la acumulación de riquezas, lo que deja a muchos en una posición de incertidumbre y predisposición al tener que emprender bajo la condicionante de no ganar dinero, ganar poco dinero o recibir pérdidas. Por su parte, el tema de la exportación y la importación se deja ver como otro freno en las aspiraciones de los negociantes, que se ven obligados a realizar esta actividad por medio de instituciones del Estado donde la facturación se le hace más cara. Todo esto, por si no fuese suficiente, acompañado de unos impuestos que se les impone sobre el 20 % de las ventas. Factores que unidos se vuelven una auténtica pesadilla, provocando un sentimiento de poca confianza en el sector cuentapropista sobre las micro, pequeñas y medianas empresas.

Todo, además, sucediendo a la sazón del desgaste que enfrenta el sistema político del régimen cubano que parece hallarse en sus etapas finales. Con un discurso obsoleto e insostenible que habla de marxismo y soberanía en medio de una realidad donde la economía se encuentra supeditada a los bolsillos de esos que, en algún momento llamaron “gusanos” y “enemigos de la patria”. Un mar de incoherencias rodea a la nación y se le augura, incluso entre los más optimistas, un futuro incierto.

 


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