Consulado, la calle de La Habana que estaba llena de luces, cines, teatros, restaurantes y cafeterías

Redacción

Consulado, la calle de La Habana que estaba llena de luces, cines, teatros, restaurantes y cafeterías

La calle Consulado, en Centro Habana, hoy luce como el resto de la ciudad y el churre y la suciedad de ha adueñado de sus casas y sus esquinas. Sin embargo, antes de 1959, esta arteria era una de las de mayor animación comercial y con mayor numero de centros de entretenimiento en la vida nocturna capitalina.

Luces y marquesinas adornaban cines, teatros y sobre todo restaurantes, fondas y cafeterías. Solo la calle Consulado… para no salir de ella en toda la noche y el día.

De Neptuno a Virtudes solo en una cuadra habías decenas de ellos. El restaurant cafetería FORNOS, después de las 12 de la noche, café con leche y chocolate con churros… para los bohemios y artistas de teatros. LOS PARADOS tenía una cafetería que funcionaba las 24 horas. EL PULLMAN con su cafetería de más 100 asientos en cancha, mesas y reservados (pullmans). Su especialidad eran los bocaditos de pasta $0.10. LA MURALLA DE ORO con su arroz frito, sopa seca y chop suey. El bar Lunch de Gonzalo con licores, sus sandwich y media noche. Un CAFÉ TUPY con fiambres y café las 24 horas. EL ANÓN DE VIRTUDES, famoso por sus helados artesanales chinos y batidos.

Todos estos sitios eran de precios bajos, pues nada era de lujo en esa cuadra, muy popular. Pero se comía un arroz frito como no se hace hoy en ningún lado por $0.25 el sencillo, $0.40 el especial, un tremendo sándwich de tres pulgadas entre $0.60 y $0.80, refrescos de 20 marcas a $0.05, cervezas a $0.15 y café a $0.03 ò $0.05 con un vaso de agua fría y platico debajo.

Además en esa sola cuadra había dos ferreterías, una barbería, un salón de belleza, una tienda de ropa femenina, una quincalla y para concluir en la esquina el Gran Teatro ALKAZAR de una cuadra de largo. Luego fue el Teatro Musical de La Habana. Todo eso en menos de 100 metros.

No hacía falta alumbrado público.

Entre Ánimas y Trocadero, otra maravilla. Dos cines: VERDÚN Y MAJESTIC, más barberías, una de ellas italiana y peluquerías, los hoteles LIDO y REFUGIO, casas de huéspedes, bares con billares, fondas baratas de gallegos, que traían a los sobrinos de España a ponerse zapatos por primera vez y soltar las alpargatas, dos panaderías con pan caliente las 24 horas, dos dulcerías, tres farmacias, una de las 5 pizzerías que había en La Habana de entonces: LA PICCOLA ITALIA, cara porque la cocina italiana no era tan popular como hoy día en el mundo. Muchos carritos de fiambre, fritas y pan con bistec con cebolla y papitas (de res).

Y así discurría la bella Consulado hasta Cárcel. Dos imprentas y la casa importadora de Selecciones del Readers Digest y la editorial MADIEDO. Una boutique francesa de carteras y sombreros. Tres joyerías.

Todo con los más bellos anuncios lumínicos. Bodegas y carnicerías.

Edificios altos de 8 y 10 pisos modernos y elegantes y terminaba el paseo con las grandes casonas y palacetes de principios del siglo XX que iban desde la calle Colón hasta el final donde se incluía la sede de la SOCIEDAD CATALANA.

Una calle no principal, pero un monumento. Por la misma donde se pasearon muchas de los grandes e ilustres hombres de ciencias, letras y artes. La barbería donde se pelaba y afeitaba Leopoldo Fernández el número uno en el ranking de la Historia de la comedia en Cuba. La calle del doblar de Lezama Lima al que nosotros irreverentes niños del barrio le llamábamos el maestro gordo.

Una calle de barrio…