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Este cubano dice que el amor es lo que lo ha ayudado a vivir 109 años

El amor y la fortaleza física y espiritual han mantenido vivo durante 109 años al matancero Francisco Perdomo Torres (Pipe), quien un día emigró junto a su madre y hermanos hasta Guasimilla de Nagua, en lo alto de la Sierra Maestra.

“Los cuatro varones éramos apenas unos polluelos cuando nos trasladamos. Picamos caña, sembramos varios cultivos y construimos un pequeño rancho en el que criábamos cerdos y gallinas. Mi hermana Gloria se quedaba en casa ayudando a la vieja”, cuenta Pipe.

Constantemente siente deseos de reír, hacer chistes, recitar poesías: “Porque soy sano de alma. Nunca tuve riquezas, fui pobre desde que nací, pero nunca me ha faltado el cariño. Ese sentimiento he sabido  entregarlo a mi esposa y toda la familia”, afirmó.

Esta pareja a enfrentado seis décadas de subidas y bajadas

Según cuenta, cuando conoció a Ana Luisa Cutiño Guerra, su esposa, de solo verla se le enamoraron sus pupilas y no pudo aguantarse a decirle en tonada guajira: «¡Tú me gustas muchacha!»

Ella, por su parte, recuerda que Pope era el muchacho más lindo de toda aquella zona.

“En cuanto lo vi se me “sazonó” el corazón, cuenta Guerra que actualmente es su esposa. “Era el muchacho más lindo de aquella zona. Volvimos muchas veces a tropezarnos en el camino. Como respuesta de aceptación le regalé una sonrisa. Esa alegría entre nosotros nunca se ha acabado, aunque hayan pasado 65 celebraciones”.

De ese amor tuvieron un fruto de ocho hembras y un varón. Luego la familia ha aumentado notablemente. “Tenemos, dijo la fémina, 27 nietos, 12 bisnietos e igual cantidad de tataranietos. Es una felicidad habernos multiplicado tanto”.

Ocho hembras y un varón nacieron de las entregas iluminadas por “cocuyos”.

A sus 109 años cumplidos, a Torres aún se le puede ver vivaz y con mucha energía siempre y asegura que, si el destino no se opone, entre sus planes está llegar hasta los 120.

Francisco le ríe a la vida y a la suerte que ha tenido por poder seguir besando a su edad con mucho amor los labios de su esposa, constantemente encendidos por la luz de los soles, la luna y las estrellas.

 

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